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Disipando los mitos de la vacunación
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De: CERAC <cera...@gmail.com>
Fecha: Tue, 13 Oct 2009 07:34:35 -0700 (PDT)
Local: Mart 13 oct 2009 09:34
Asunto: Disipando los mitos de la vacunación
Disipando los mitos de la vacunación
Introducción a las contradicciones entre la ciencia médica y las
políticas de vacunación

Autor: Rev. Alan Phillips
Director de Citizens for Healthcare Freedom
Ultima revisión: Mayo de 2001

Introducción

Cuando mi hijo empezó a recibir las vacunas obligatorias a los dos
meses de edad, yo no sabía que las vacunas tenían riesgos. Pero había
una contradicción en el volante de la clínica: las probabilidades de
que mi hijo tuviera una reacción adversa seria a la vacuna triple era
de 1 en 1750, mientras que el riesgo de morir de tos convulsa era uno
en varios millones. Cuando le mencioné esto al médico, no estuvo de
acuerdo, se enojó, y salió violentamente del consultorio mascullando:
“Creo que debería leer ese volante alguna vez...”. Poco tiempo después
me enteré de un niño que había quedado inválido por una vacuna, así
que decidí investigar el tema yo mismo. Me enteré de cosas que me
alarmaron tanto que me siento obligado a compartirlas. Para eso
escribí este informe.

Las autoridades médicas atribuyen la disminución de las enfermedades a
las vacunas, nos aseguran que no tienen riesgos, y que son efectivas.
Sin embargo estas afirmaciones están en directa contradicción con
estadísticas gubernamentales, estudios médicos, informes de la
Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), de los Centros para
el Control de las Enfermedades (CDC), y con las opiniones de
prestigiosos investigadores científicos de distintas partes del mundo.
De hecho, las enfermedades infecciosas disminuyeron sostenidamente
durante décadas antes de la introducción de las campañas vacunatorias;
cada año, médicos norteamericanos dan parte de miles de reacciones
serias a las vacunas, incluídos cientos de muertes y casos de
invalidez permanente; han ocurrido epidemias en poblaciones totalmente
vacunadas, y existen investigadores que atribuyen decenas de problemas
inmunológicos y neurológicos crónicos a los programas de vacunación
masiva.

Décadas de estudios médicos aparecidos en las más prestigiosas
publicaciones médicas del mundo han documentado el fracaso de las
vacunas, y sus efectos adversos, incluso muertes. Decenas de libros
escritos por médicos, científicos e investigadores independientes
revelan serias fallas en la teoría y en la práctica de la vacunación.
A pesar de todo esto, aunque parezca increíble, la mayoría de los
médicos y padres desconocen esta evidencia. Esto ha empezado a cambiar
durante los últimos años, a medida que un creciente movimiento de
padres y proveedores de salud, de distintas partes del mundo, toma
conciencia de los problemas asociados a las vacunación obligatoria de
la población, y la cuestiona. Existe un creciente movimiento
internacional que está eligiendo no ser parte de la inmunización
sistemática obligatoria. Este informe presenta parte de la información
en la que se basa dicho movimiento.

Mi objetivo no es decirle ni a usted ni a nadie si debe o no vacunar.
Lo que busco es señalar, con la mayor urgencia, algunas muy buenas
razones por las cuales todo el mundo debería evaluar los hechos antes
de decidir si aceptar o no la vacunación. Como padre, me escandalicé
al enterarme de que no existe ninguna obligación legal, ni una ética
profesional, que obligue a los pediatras a estar informados en
profundidad sobre los riesgos de la vacunación (para no mencionar el
deber de informar a los padres de que al vacunar hay riesgo de muerte
o de invalidez permanente). También quedé consternado al ver
personalmente que la mayoría de los médicos, si bien con las mejores
intenciones, llevan a cabo procedimientos basados en información
incompleta, y, en algunos casos, totalmente errónea.

Este informe no es más que una breve introducción al tema. Se
justifica y es altamente recomendable que usted siga investigando por
su cuenta. Verá que es la única manera de tener una visión objetiva,
ya que esta es una controversia altamente emocional.

Sea cauto: según la experiencia de mucha gente, los pediatras no están
dispuestos a conversar sobre este tema tranquilamente y con una mente
abierta, o no son capaces de hacerlo, tal vez porque muchos de ellos
han puesto en juego su identidad personal y su reputación profesional
en base a la supuesta seguridad y efectividad de las vacunas. Además,
su profesión les exige que promuevan la vacunación. De todos modos,
según comentarios de mucha gente, a la mayoría de los médicos le es
muy difícil reconocer la evidencia de que las vacunas causan
problemas. El primer pediatra con el que intenté compartir lo que
había hallado me gritó enojado cuando mencioné el tema con
tranquilidad. Los conceptos erróneos tienen raíces muy profundas.

1° MITO DE LA VACUNACION

“Las vacunas son seguras... ¿no es así?”

El sistema VAERS (Sistema de Notificación sobre los Efectos Adversos
de las Vacunas) fue establecido por el Congreso bajo el Acta Nacional
de Compensación por Daños causados por Vacunas a Niños de 1986. Recibe
anualmente unas 11.000 notificaciones de reacciones adversas serias a
las vacunas, entre las cuales se cuentan unas cien o doscientas
muertes, y un número varias veces mayor de casos de invalidez
permanente.[i] Según funcionarios del sistema VAERS, el 15% de las
reacciones adversas son “serias” (tales como: tener que ser llevado a
la sala de emergencias, ser hospitalizado, un episodio que ponga en
juego la vida, invalidez permanente, o muerte). Según análisis
independientes de las notificaciones del sistema VAERS, en el caso de
la vacuna contra la Hepatitis B, las reacciones adversas “serias”
llegan al 50% [ii]. Si bien estos datos son alarmantes, no son más que
la punta del iceberg. La FDA (Administración de Alimentos y
Medicamentos) calcula que solamente se notifican el 1% de las
reacciones adversas serias [iii] [iv], y los CDC (Centros para el
Control de las Enfermedades) reconocen que sólo se notifican alrededor
del 10% de los casos.[v] De hecho, han habido en el Congreso
declaraciones sobre casos en los que se les dice a los estudiantes de
medicina que no notifiquen los posibles casos de reacciones adversas.
[vi]

El Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC), una
organización de base, fundada por padres de niños muertos y dañados
por las vacunas, ha realizado sus propias investigaciones[vii]. Este
Centro informó que “en Nueva York, sólo 1 de cada 40 consultorios
médicos (2,5%) confirmó que se notifica una muerte o un daño después
de una vacuna”. Dicho de otra forma, 97,5% de las muertes y casos de
invalidez relacionados con las vacunas no se notifican en ese lugar.
Dejando de lado las implicaciones sobre la ética médica (la ley
federal de los Estados Unidos exige que los médicos notifiquen los
casos serios de reacciones adversas[viii]), estos datos sugieren que
las muertes y los casos de daños graves pueden ser en realidad de 10 a
100 veces más que lo que se notifica.

En el caso de la tos convulsa, el número de muertes causadas por la
vacuna es mucho mayor que el número de muertes causadas por la
enfermedad, que de acuerdo a los Centros para el Control de las
Enfermedades (CDC) ha sido alrededor de 10 por año en los últimos
años, y solamente 8 en 1993, último año de incidencia pico de la
enfermedad (la tos convulsa aparece cada 3 ó 4 años, nadie sabe por
qué, pero está claro que la vacunación no es cíclica). Si tenemos en
cuenta que la mayor parte de las reacciones adversas no se notifican,
puede que la vacuna sea 100 veces más mortal que la enfermedad.
Algunos sostienen que este es un costo necesario para evitar el
regreso de una enfermedad que sería más mortal que la vacuna. Pero
dado que la mayor parte de la disminución de la incidencia de las
enfermedades en este siglo fue anterior al uso generalizado de las
vacunas (las muertes por tos convulsa disminuyeron un 79% antes del
uso sistemático de las vacunas), y dado que las tasas de disminución
de incidencia de las enfermedades se mantuvieron prácticamente iguales
luego de la introducción de la vacunación generalizada de la
población, las muertes causadas por las vacunas hoy en día no se
pueden justificar diciendo que son un sacrificio necesario para el
beneficio de una sociedad libre de enfermedades.

Por desgracia, la historia de las muertes vinculadas a las vacunas no
termina ahí. A nivel internacional, diversos estudios han señalado a
la vacunación como una causa del Síndrome de Muerte Infantil Súbita
(SMIS)[ix] [x] (El Síndrome de Muerte Infantil Súbita, SMIS, es un
diagnóstico genérico dado cuando se desconoce la causa específica de
la muerte; se estima que en los Estados Unidos se producen entre 5.000
y 10.000 muertes anuales de SMIS). De acuerdo a un estudio, la
incidencia máxima de SMIS ocurre a los 2 y 4 meses de edad,
precisamente cuando se dan las dos primeras vacunas obligatorias[xi],
mientras que en otro estudio se halló un claro correlato que se
extiende tres semanas luego de la vacunación. De acuerdo a otro
estudio, en los EE.UU. 3.000 niños mueren dentro de los 4 días de
recibir una vacuna (aunque parezca increíble, los autores no
mencionaron ningún vínculo entre las vacunas y el SMIS), mientras que
los estudios de otros investigadores indican que la mitad de los casos
de SMIS son causados por las vacunas.[xii]

A los estudios iniciales que mostraban una relación causal entre el
SMIS y las vacunas les siguieron rápidamente estudios auspiciados por
los fabricantes de vacunas, cuya conclusión fue que no había ninguna
relación; uno de tales estudios sostuvo que la incidencia de SMIS en
niños vacunados era levemente menor que en los no vacunados. Sin
embargo, muchos de estos estudios fueron cuestionados por otro estudio
que mostró que por “confusión”, los resultados habían favorecido
erróneamente a las vacunas.[xiii] En el mejor de los casos, los
distintos estudios se contradicen. Sin embargo, ¿no deberíamos ser
prudentes? ¿No debería cualquier relación creíble entre las vacunas y
las muertes infantiles ser motivo suficiente para el monitoreo
generalizado y meticuloso de todos los casos de SMIS, para saber su
status vacunatorio? Las autoridades médicas han preferido la negación
antes que la cautela.

A mediados de los ´70, Japón elevó la edad de vacunación, de dos meses
a dos años; la incidencia de SMIS disminuyó dramáticamente.[xiv] Pasó
de estar 17° en el ránking de mortalidad infantil a estar 1° (o sea,
tuvieron la tasa de mortalidad infantil más baja del mundo cuando los
bebés no recibían vacunas). La tasa de vacunación en Inglaterra bajó
temporalmente a un 30%, en la misma época, luego de informes en la
prensa acerca de daño cerebral causado por las vacunas. La mortalidad
infantil bajó mucho durante unos dos años, y luego volvió a subir
justo cuando aumentaron las tasas de vacunación a fines de los ´70. A
pesar de estas experiencias, la postura de la comunidad médica sigue
siendo la negación. Los jueces de instrucción no examinan el status
vacunatorio de las víctimas de SMIS, y las familias continúan pagando
un alto precio, desconocedoras de los peligros de las vacunas. Además,
se les niega el derecho a elegir.

Las afirmaciones de la FDA (Administración de Alimentos y
Medicamentos) y de los CDC (Centros para el Control de las
Enfermedades) acerca de la falta de notificación sobre reacciones
adversas, sugieren que en realidad las mismas cada año pueden ser
entre 100.000 y 1 millón (y las reacciones “serias” serían
aproximadamente un 20%). Un estudio que revela que 1 de cada 175 niños
que recibieron todas las dosis de la vacuna triple bacteriana tuvieron
“reacciones severas”[xv] y un informe para abogados, escrito por un
médico, según el cual, de cada 300 aplicaciones de la vacuna triple
bacteriana, 1 resulta en convulsiones, dan sustento a esta idea.[xvi]

De hecho, las muertes causadas por la tos convulsa en Inglaterra
disminuyeron cuando la tasa de vacunación bajó de 80% a 30% a mediados
de los ´70. La conclusión del estudio del epidemiólogo sueco B.
Trollfors, sobre la toxicidad y eficacia de la vacuna contra la tos
convulsa alrededor del mundo, fue que “hoy en día, la mortalidad
causada por la tos convulsa es muy baja en los países
industrializados, y no hay diferencia entre los países con tasas de
vacunación altas, bajas, e inexistentes”. También descubrió que
Inglaterra, Gales y Alemania Occidental tuvieron más víctimas por la
tos convulsa en 1970, cuando la tasa de vacunación era alta, que en la
segunda mitad de 1980, cuando dicha tasa había disminuido.[xvii]

Además de la vida y salud de nuestros niños, las vacunas nos cuestan
dinero. El Programa Nacional de Compensación por Daños causados por
las Vacunas (NVICP), del gobierno federal de los EE.UU. ha pagado más
de 1.200 millones de dólares desde 1988 hasta hoy a las familias de
niños dañados y muertos por las vacunas,[xviii] con dinero que viene
de un impuesto a las vacunas que pagan quienes las reciben. Mientras
tanto, las compañías farmacéuticas tienen un mercado cautivo: en los
50 estados de los EE.UU., las vacunas son obligatorias por ley (aunque
se pueden evitar legalmente en la mayoría de los casos; ver el 9°
Mito), sin embargo estas mismas compañías tienen “inmunidad” en cuanto
a la responsabilidad por las consecuencias de sus productos. Más aún,
se les ha permitido utilizar órdenes de la corte que prohíben informar
públicamente sobre un caso que está ante la justicia, como herramienta
de influencia en los arreglos legales por daños causados por las
vacunas, para así impedir que se revele al público información sobre
los peligros de las mismas. Está claro que tales arreglos son
inmorales; obligan al público norteamericano a pagar, sin saberlo, por
las responsabilidades legales de los fabricantes de vacunas, y a la
vez intentan garantizar que el mismo público seguirá desconocedor de
los peligros de sus productos. Esta situación también disminuye
cualquier incentivo que puedan tener los fabricantes para producir
vacunas más seguras (después de todo, cuando la vacuna causa una
muerte o una lesión, ellos no tienen que pagar, sino que siguen
recibiendo sus ganancias).

Debe mencionarse especialmente el hecho de que las compañías de
seguros (que realizan los mejores estudios sobre responsabilidad del
fabricante) se niegan a cubrir las reacciones adversas a las vacunas.
Las ganancias parecen ser lo que determina la posición tanto de la
industria farmacéutica como de las compañías de seguros.

1° VERDAD DE LA VACUNACION

“Las vacunas causan un número significativo de muertes y casos de
invalidez, a un increíble costo personal y financiero para las
familias, que no están informadas al respecto”.

2° MITO DE LA VACUNACION

“Las vacunas son muy efectivas...¿no es cierto?”

En la literatura médica encontramos un sorprendente número de estudios
que documentan el fracaso de las vacunas. Ha habido epidemias de
sarampión, paperas, viruela, poliomelitis y gripe en poblaciones de
personas vacunadas.[xix] [xx] [xxi] [xxii] [xxiii] En 1989 los Centro
para el Control de las Enfermedades (CDC) informaron que “entre los
niños en edad escolar, han ocurrido epidemias (de sarampión) en
escuelas con tasas de vacunación superiores al 98%”.[xxiv] Han
ocurrido en todas las áreas del país, incluídas áreas que no tienen
casos de sarampión hace años”.[xxv] Los CDC informan incluso sobre una
epidemia en una población con una tasa de vacunación del 100%.[xxvi]
Un estudio que examinó este fenómeno concluyó que “la paradoja
evidente es que a medida que las tasas de inmunización contra el
sarampión alcanzan niveles elevados, el sarampión se vuelve una
enfermedad de gente inmunizada”.[xxvii] Según un estudio más reciente,
la vacuna contra el sarampión “produce supresión inmunitaria, la cual
contribuye a aumentar la suceptibilidad a otras infecciones”.[xxviii]
Estos estudios sugieren que el objetivo de la “inmunización” total de
la población puede de hecho ser contraproducente, como muestran los
casos de epidemias luego de la vacunación completa de países enteros.
En Japón, hubo un aumento anual de los casos de viruela luego de la
introducción de la vacunación obligatoria en 1872. En 1892, ya habían
muerto 29.979 personas, y todas habían sido vacunadas.[xxix] A
principio del 1900, las Filipinas sufrieron la peor epidemia de
viruela de su historia, después de que 8 millones de personas
recibieran 24,5 millones de dosis de vacunas (una tasa de vacunación
del 95%); la tasa de mortalidad se cuadruplicó como consecuencia.[xxx]
Antes de la primer ley de vacunación obligatoria en Inglaterra, en
1853, la mayor mortalidad por la viruela en un período de dos años
había sido de 2.000; en 1870-71, Inglaterra y Gales tubieron 23.000
muertes causadas por la viruela[xxxi]

En 1989, Omán sufrió una epidemia generalizada de polio, seis meses
después de haber alcanzado la vacunación completa de la población.
[xxxii][xxxii][xxxii] En 1986, en los EE.UU., el 90% de 1.300 casos de
tos convulsa en Kansas habían sido “adecuadamente vacunados”.[xxxiii]
El 72% de los casos de tos convulsa de la epidemia de Chicago en 1993
estaban al día con sus vacunas.[xxxiv]

2° VERDAD DE LA VACUNACION

“La evidencia sugiere que la vacunación es un método poco confiable
para prevenir enfermedades”.

3° MITO DE LA VACUNACION

“Las vacunas son la causa de la baja incidencia de enfermedades en los
EE.UU. hoy en día... ¿no es así?”

De acuerdo a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, las
enfermedades infantiles disminuyeron un 90% entre 1850 y 1940,
paralelamente a las mejorías en higiene y sanidad, bastante antes de
los programas de vacunación obligatoria. La publicación The Medical
Sentinel informó hace poco: “entre 1911 y 1935, en los EE.UU., las
cuatro causas principales de muerte infantil por enfermedades
infecciosas eran la difteria, la tos convulsa, la escarlatina y el
sarampión. Sin embargo, en 1945, la tasa de mortalidad de las cuatro
enfermedades juntas había disminuído un 95%, antes de la
implementación de los programas sistemáticos de vacunación”[xxxv]

Por lo tanto, en el mejor de los casos, se puede examinar la
vacunación sólo en relación al pequeño porcentaje de reducción de
enfermedades que ocurrió después de su uso generalizado. Sin embargo,
incluso su papel en esta pequeña disminución puede cuestionarse, ya
que las tasas de disminución de las enfermedades antes de la
introducción de las vacunas se mantuvieron prácticamente iguales
después de su introducción. Además, en los países europeos que
rechazaron las vacunas contra la viruela y la poliomelitis, las
epidemias terminaron al mismo tiempo que en los países donde la vacuna
era obligatoria; por lo tanto está claro que las vacunas no fueron el
único factor determinante. De hecho, inicialmente, luego de las
campañas de inmunización contra la viruela y la polio, hubo un aumento
significativo en la incidencia de estas enfermedades. Después de que
se hiciera obligatoria la vacunación contra la viruela, esta
enfermedad continuó siendo corriente e incluso aumentó mucho, mientras
que la incidencia de otras enfermedades siguió disminuyendo sin el uso
de vacunas. Eventualmente, en Inglaterra y Gales, las tasas de
incidencia de viruela y de vacunación contra la enfermedad
disminuyeron simultáneamente durante varias décadas, entre 1870 y el
comienzo de la Segunda Guerra Mundial.[xxxvi] Por lo tanto, es
imposible saber si la vacunación contribuyó o no a la disminución
sostenida de las tasas de mortalidad de la enfermedad, o si la
disminución se mantuvo tal cual venía simplemente por los mismos
motivos que probablemente causaron la disminución inicial - mejoras en
la sanidad e higiene, mejoras en la alimentación, transporte, y
desarrollo de infraestructura, tecnología de preservación de los
alimentos, y posiblemente ciclos naturales de las enfermedades. Un
reciente informe de la Organización Mundial de la Salud apoya esta
conclusión, ya que indica que las tasas de mortalidad y enfermedad en
los países del tercer mundo no están directamente relacionadas con la
vacunación o con los tratamientos médicos, sino que se hallan
estrechamente vinculadas al standard de higiene y alimentación.
[xxxvii] Atribuirle a las vacunas el mérito por la incidencia actual
de las enfermedades es una enorme exageración, incluso un error.

Los partidarios de la vacunas señalan las estadísticas de incidencia
en lugar de las de mortalidad, como prueba de la efectividad de las
vacunas. Sin embargo, los expertos en estadística nos dicen que la
mortalidad es un mejor indicador que la incidencia de la enfermedad,
por la simple razón de que la calidad de la notificación y de los
archivos es mucho más alta en el caso de la mortalidad.[xxxviii] Por
ejemplo, una encuesta realizada en la ciudad de Nueva York reveló que
tan sólo el 3,2% de los pediatras daban parte de los casos de
sarampión al departamento de salud. En 1974, el Centro para el Control
de las Enfermedades indicó que hubo 36 casos de sarampión en Georgia,
mientras que el Sistema de Vigilancia del estado de Georgia informó
que hubo 660 casos.[xxxix] En 1982, funcionarios de salud del estado
de Maryland culparon a un programa de televisión (“D.P.T. - Vaccine
Roulette” [Vacuna Triple - Ruleta Rusa] que advertía sobre los
peligros de la vacuna triple), de causar una epidemia de tos convulsa.
Sin embargo, cuando el Dr. J. Anthony Morris, que había sido el
virólogo nro. 1 de la División de Estándares Biológicos de los EE.UU.,
analizó los 41 casos, solamente 5 casos estaban confirmados, y todos
habían sido vacunados.[xl] Casos como éstos demuestran la falacia de
basarse en los datos de incidencia, a pesar de lo cual los partidarios
de las vacunas tienden a utilizarlos indiscriminadamente.

3° VERDAD DE LA VACUNACION

“No se ha establecido con claridad qué influencia han ejercido las
vacunas (si es que han ejercido alguna influencia) en la disminución
de la incidencia de las enfermedades infecciosas en los siglos 19 y
20”

4° MITO DE LA VACUNACION

“La vacunación se basa en correctos principios teórico-prácticos de
inmunización... ¿no es cierto?”

La evidencia clínica a favor de las vacunas reside en su capacidad de
estimular la producción de anticuerpos en el receptor. Esto no está en
discusión. Sin embargo, lo que no está claro, es si la producción de
anticuerpos crea o no inmunidad. Por ejemplo, los niños anémicos con
deficiencia de gamaglobulina no pueden producir anticuerpos, a pesar
de lo cual se recuperan de las enfermedades infecciosas casi tan
rápido como los demás niños.[xli] Además, un estudio publicado por el
Consejo Médico Británico en 1950 durante una epidemia de difteria
llegó a la conclusión de que no había relación entre la cantidad de
anticuerpos y la incidencia de la enfermedad; los investigadores
encontraron personas resistentes a la enfermedad que tenían niveles de
anticuerpos extremadamente bajos, y enfermos con niveles altos de
anticuerpos.[xlii] La inmunidad natural es un proceso complejo que
involucra muchos órganos y sistemas; no se puede reproducir en su
totalidad estimulando artificialmente la producción de anticuerpos.

La investigación también indica que la vacunación hace que las células
del sistema inmunitario queden “dedicadas” al antígeno específico de
la vacuna, volviéndolas incapaces de reaccionar ante otras
infecciones. Por lo tanto, puede que en realidad nuestra reserva
inmunológica disminuya por las vacunas, causando una menor resistencia
general.[xliii]

Otro componente de la teoría de la inmunización es la “inmunidad de
grupo”, que dice que cuando suficientes personas en una comunidad
están inmunizadas, todas quedan protegidas como resultado. Como mostró
el 2° Mito, hay muchos casos documentados que demuestran exactamente
lo contrario: casos de poblaciones totalmente vacunadas que han
experimentado epidemias; en el caso del sarampion, esto parece ser el
resultado directo de la alta tasa de vacunación.[xliv] Según un
epidemiólogo del estado de Minnesota, la vacuna contra la meningitis
aumenta el riesgo de contraer la enfermedad. Un estudio reveló que los
chicos vacunados tenían cinco veces más chances de contraer meningitis
que los no vacunados.[xlv]

Aunque resulte sorprendente, nunca se ha demostrado clínicamente que
la vacunación sea efectiva para prevenir enferemdades, por el simple
motivo de que ningún investigador ha expuesto directamente a
individuos a la enfermedad (ni tampoco pueden hacerlo éticamente).

El stándard preferido de la comunidad médica, el estudio doble ciego,
con grupo de control con placebo, no se ha utilizado para comparar
personas vacunadas con personas no vacunadas, por lo tanto la
vacunación no está probada científicamente. También es importante
reconocer que no todas las personas expuestas a una enfermedad
desarrollan síntomas (de hecho, es suficiente que un pequeño
porcentaje de la población desarrolle síntomas para declarar una
epidemia). Por lo tanto, si se expone a la enfermedad a un individuo
vacunado, y no se enferma, es imposible saber si la vacuna funcionó,
ya que no hay forma de saber si esta persona hubiera desarrollado
síntomas de no haber estado vacunada. Vale la pena mencionar también
que en brotes de años recientes se han registrado más casos de
enfermedad en los niños vacunados que en los no vacunados.

Otro aspecto sorprendente de la práctica vacunatoria es que se trata a
todos los niños de la misma manera, independientemente de su edad y/ó
peso. Un bebé de dos meses que pesa 3 kilos recibe la misma dosis que
un niño de 5 años que pesa 17 kilos. Los bebés con sistemas
inmunitarios inmaduros y en proceso de desarrollo pueden recibir, en
proporción al peso, cinco o más veces la dosis que se le aplica a un
niño mayor. Además, se ha establecido, mediante mediciones al azar,
que el número de “unidades” en cada dosis puede variar entre un 50% y
un 300% de lo que indica la etiqueta; los controles de calidad de
fabricación toleran, según parece, un alto margen de error. El Centro
Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC) ha identificado en
reiteradas oportunidades las llamadas “partidas calientes” (partidas
asociadas con índices de invalidez y muerte desproporcionadamente
altos), pero la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se
niega a intervenir para impedir más muertes y daños innecesarios. De
hecho, nunca se ha retirado del mercado una partida individual de
vacunas debido a reacciones adversas. Sin embargo, la vacuna contra el
rotavirus fue sacada de circulación a los pocos meses de haber sido
introducida, porque causó obstrucciones intestinales en muchos de los
receptores. Aunque parezca increíble, la FDA (Administración de
Alimentos y Medicamentos) y los CDC (Centros para el Control de las
Enfermedades) sabían de este problema antes del otorgamiento de la
licencia para esta vacuna, sin embargo, de todas maneras, ambas
organizaciones la aprobaron por unanimidad.[xlvi]

Por último, la práctica de la vacunación supone que todas las personas
responderán de la misma manera a una vacuna, independientemente de su
raza, cultura, dieta, constitución genética, ubicación geográfica o
cualquier otra característica. Posiblemente la mejor demostración de
que esto es falso ocurrió hace unos años en el Territorio del Norte,
en Australia, donde las crecientes campañas de vacunación resultaron
en una increíble mortalidad infantil del 50% entre los aborígenes.
[xlvii] Según el Dr. A. Kalokerinos, que investigó el tema, fue
sorprendente que sobrevivieran tantos. Cabe preguntarse acerca de los
sobrevivientes, porque si la mitad murió, la otra mitad no debe haber
salido ilesa.

Casi tan preocupante como el anterior es un estudio aparecido hace muy
poco tiempo en el New England Journal of Medicine. En él se señaló que
un numero considerable de niños rumanos estaba contrayendo
poliomelitis por la vacuna. Se encontró una relación con las
inyecciones de antibióticos: una dosis aplicada dentro del mes de
recibida la vacuna aumentaba 8 veces el riesgo de contraer
poliomelitis, de dos a nueve inyecciones lo aumentaban 27 veces, y 10
o más inyecciones lo aumentaban 182 veces.[xlviii]

¿Qué otros factores que no se tienen en cuenta en la teoría de la
vacunación aparecerán inesperadamente, para revelar consecuencias no
previstas o previamente pasadas por alto? No podemos ni siquiera
empezar a comprender totalmente el alcance y el grado del peligro de
las vacunas hasta que los investigadores no empiecen a observar e
informar con seriedad. Mientras tanto, la población de países enteros
está apostando, sin saberlo, en un juego en el que podrían
perfectamente elegir no jugar, si se les dieran de antemano todas las
“reglas del juego”.

4° VERDAD DE LA VACUNACION

“Se ha demostrado en la práctica que muchos de los supuestos en que se
basan la teoría y práctica de la inmunización son falsos o no han sido
demostrados”.

5° MITO DE LA VACUNACION

“Las enfermedades infantiles son extremadamente peligrosas... ¿lo son,
realmente?”

En el mundo moderno en que vivimos, la mayoría de las enfermedades
infantiles tienen pocas consecuencias serias. Incluso las
conservadoras estadísticas de tos convulsa de los Centros para el
Control de las Enfermedades (CDC), para el período 1992-94 indican una
tasa de recuperación del 99,8%. De hecho, luego de la epidemia de
sarampión en Ohio y Chicago en el otoño de 1993, en la que hubo
cientos de casos, un experto en enfermedades infecciosas del Hospital
Infantil de Cincinnati dijo: “La enfermedad fue muy suave, no hubo
muertos, y nadie fue a terapia intensiva”.

En la inmensa mayoría de los casos, las enfermedades infantiles son
benignas y se autolimitan. También confieren, por lo general,
inmunidad de por vida a esa enfermedad, mientras que las vacunas
confieren tan solo una inmunidad temporal. De hecho, la naturaleza
temporal de la inmunidad de la vacuna puede crear una situación más
peligrosa para el futuro del niño. Por ejemplo, se estima que la nueva
vacuna contra la varicela tiene una efectividad de entre 6 y 10 años.
Si es efectiva, pospondrá la vulnerabilidad del niño hasta la adultez,
en la cual la mortalidad de la enfermedad, si bien es rara, es 20
veces mayor que durante la niñez. Las “fiestas de sarampión” solían
ser frecuentes en Gran Bretaña: si un chico tenía sarampión, otros
padres del barrio traían corriendo a sus hijos para que jugaran con el
chico infectado, a propósito para que contrayera la enfermedad y
desarrollara inmunidad. Esto evita el riesgo de infección en la
adultez, en la que la enfermedad es más peligrosa, y proporciona los
beneficios de un sistema inmunitario fortalecido por el proceso
natural de la enfermedad.

Aproximadamente la mitad de los casos de sarampión que se dieron a
fines de la década del ´80 fueron adolescentes y adultos, la mayoría
de los cuales habían sido vacunados de niños[xlix][xlix][xlix]. y
puede que las dosis de refuerzo recomendadas protejan durante menos de
6 meses.[l] A algunos profesionales de la salud les preocupa la
posibilidad de que el virus de la vacuna contra la varicela se pueda
“reactivar más adelante, causando herpes zoster (culebrilla) ú otras
enfermedades del sistema inmunitario”.[li] El Dr. A. Lavin, del
Departamento de Pediatría del Centro Médico St. Luke, en Cleveland,
Ohio, se opuso rotundamente al otorgamiento de la licencia a la nueva
vacuna, “hasta que realmente sepamos...cuál es el riesgo de inyectar
ADN mutado (virus del herpes) en el genoma del huésped (los niños)”.
[lii] La verdad es que nadie sabe cuál es el riesgo, pero la vacuna ha
sido autorizada, es recomendada por las autoridades médicas, y
rápidamente se está volviendo obligatoria en todo el país.

Las enfermedades infecciosas son peligrosas en raras ocasiones, y
además pueden, de hecho, desempeñar un papel vital en el desarrollo de
un sistema inmunológico fuerte y sano. Las personas que no han tenido
sarampión tienen un riesgo mayor de contraer ciertas enfermedades de
la piel, enfermedades degenerativas de los huesos y cartílagos, y
ciertos tumores, mientras que el no haber tenido paperas ha sido
asociado con un riesgo mayor de contraer cáncer de ovario. Los médicos
antroposóficos recomiendan solamente las vacunas contra la polio y el
tétanos; creen que pescarse las otras enfermedades de la niñez es
beneficioso, ya que fortalece y hace madurar el sistema inmunitario.

5° VERDAD DE LA VACUNACION

“Se exagera mucho sobre el peligro de las enfermedades infantiles,
para asustar a los padres para que acepten un tratamiento cuestionable
pero altamente lucrativo”.

6° MITO DE LA VACUNACION

“Está claro que vencer a la poliomelitis fue una de los grandes éxitos
de la vacunación... ¿o no?”

En seis estados de Nueva Inglaterra se informó que los casos de
poliomelitis habían aumentado un año después de la introducción de la
vacuna Salk. Los aumentos fueron desde el doble de casos en Vermont
hasta un sorprendente aumento del 642% en el número de casos en
Massachusetts. También aumentó la incidencia en otros estados. En
Wisconsin se multiplicó por cinco. De hecho, Idaho y Utah
interrumpieron la vacunación debido al aumento de la incidencia y de
la tasa de mortalidad. En 1959, el 77.5% de los casos de parálisis en
Massachusetts había recibido 3 dosis de la vacuna inyectable contra la
poliomelitis. En 1962, durante audiencias del Congreso de los EE.UU.,
el Dr. Bernard Greenberg, a cargo del Departamento de Bioestadísticas
de la Escuela de Salud Pública (Universidad de Carolina del Norte)
testificó que no solamente los casos de poliomelitis aumentaron
considerablemente luego de la introducción de la vacunación
obligatoria (50% de 1957 a 1958, 80% de 1958 a 1959), sino que las
estadísticas fueron manipuladas por el Servicio de Salud Pública para
dar la imagen opuesta.[liii] Es importante entender que la vacuna
contra la polio no tuvo aceptación universal al principio. A pesar de
esto, en Europa, los casos de poliomelitis disminuyeron tanto en los
países que vacunaron como en los que no lo hicieron.

De acuerdo a la Dra. Viera Scheibner, autora e investigadora, las
autoridades médicas eliminaron de las estadísticas el 90% de los casos
de poliomelitis cambiando la definición de la enfermedad cuando se
comenzó a utilizar la vacuna. En realidad, mientras tanto, la vacuna
seguía causando casos de poliomelitis paralítica en varios países, en
una época en la cual el virus natural no estaba causando ninguna
epidemia.

Por ejemplo, los casos de meningitis viral y aséptica, que tienen
síntomas similares a los de la polio, se diagnosticaban y archivaban
como casos de polio antes de la introducción de la vacuna, pero se los
separó y eliminó de las estadísticas de polio luego de empezar a
usarse la vacuna. Además, se aumentó de 20 a 35 el número de casos
necesarios para declarar una epidemia, y el requisito para ser
incluído en las estadísticas de parálisis se cambió de síntomas de 24
horas de duración a síntomas de 60 días de duración (la parálisis de
muchas víctimas de polio era temporal). Es lógico que la poliomelitis
haya disminuído dramaticamente después de la introducción de la vacuna
- por lo menos en los papeles. En 1985, los Centros para el Control de
las Enfermedades (CDC) informaron que el 87% de los casos de
poliomelitis de los EE.UU., entre 1973 y 1983, fueron causados por la
vacuna, y más tarde declararon que todos los casos fueron causados por
la vacuna, menos algunos que fueron importados – la mayoría de los
cuales habían sido vacunados.

Jonas Salk, inventor de la vacuna inyectable contra la poliomelitis,
declaró ante un subcomité del Senado que casi todos los brotes de
poliomelitis a partir de 1961 fueron causados por la vacuna
antipoliomelítica oral. En un seminario sobre vacunas contra la polio
auspiciado por el Instituto de Medicina y los Centros para el Control
y Prevención de las Enfermedades, el Dr. Samuel Katz, de la
Universidad de Duke, citó los 8-10 casos de polio paralítica asociados
con la vacuna oral contra la polio, casos de personas que habían
tomado esta vacuna, y la ausencia de polio natural en el hemisferio
occidental durante los últimos cuatro años. Jessica Scheer, del Centro
de Investigación del Hospital Nacional de Rehabilitación (Washington,
D.C.) señaló que la mayoría de los padres no son concientes de que en
los EE.UU. la vacunación contra la poliomelitis implica “un pequeño
número de sacrificios cada año”. Hay que agregar a esta contradicción
el hecho de que la mayoría de los casos de reacciones adversas no se
notifican, y las experiencias del Centro Nacional de Información sobre
las Vacunas (quienes confirman y corrigen diagnósticos errados de
reacciones a las vacunas). Todo esto sugiere que el número real de
“sacrificios” causados por la vacuna antipoliomelítica puede ser de 10
a 100 veces mayor que el número citado por los Centros para el Control
de las Enfermedades. Debido a esto, el virus vivo de la polio ya no se
usa comúnmente.

Con seguridad, la poliomelitis tal como se la conocía en la primera
mitad del siglo 20 ya no existe. Sin embargo, la disminución en la
incidencia que se produjo luego de los picos de polio a fines de los
´40 y principios de los ´50 había empezado años antes de que se
introdujera la vacuna.

6° VERDAD DE LA VACUNACION

“La vacuna contra la polio invirtió por un tiempo la disminución de la
enfermedad que se venía dando cuando se introdujo la vacuna; esto fue
ocultado deliberadamente por las autoridades médicas. En Europa, la
polio disminuyó en los países que utilizaron la vacuna y en los que no
lo hicieron”.

7° MITO DE LA VACUNACION

"Mi hijo no tuvo ninguna reacción a las vacunas, así que no tengo de
qué preocuparme... ¿no es cierto?”

Entre los efectos adversos a largo plazo de las vacunas se han
documentado: desórdenes crónicos inmunológicos y neurológicos, tales
como autismo, hiperactividad, desórdenes de déficit de atención,
dislexia, alergias, cáncer, y otras enfermedades, muchas de las cuales
casi no existían antes de las campañas de vacunación sistemática.
Entre los componentes de las vacunas encontramos conocidas sustancias
tóxicas y cancerígenas, como el timerosal (un derivado del mercurio),
el fosfato de aluminio, y el formaldehído (según el Centro de
Información sobre los Venenos, de Australia, no existe una dosis
aceptable de formaldehído que pueda inyectarse sin riesgo en un ser
humano), y fenoxietanol (comúnmente conocido como anticongelante).
Algunos de estos ingredientes son tóxicos a nivel gastrointestinal,
hepático, respiratorio, cardiovascular, sanguíneo, o reproductivo.
También hay sustancias neurotóxicas, y otras que afectan el
desarrollo. Estos son sólo algunos de los peligros que se conocen. Los
sistemas de ránking químico colocan a muchos de los ingredientes de
las vacunas entre las sustancias más peligrosas, y están fuertemente
reguladas. Se sabe que algunos de estos ingredientes pueden causar
serios daños incluso en dosis microscópicas. Sumado a esto, el medio
en que se producen algunas vacunas contiene células diploides
originadas en tejido fetal abortado. Si esto se supiera, podría
afectar la decisión de vacunar de mucha gente.

Harris Coulter, Ph.D., investigador, autor e historiador de la
medicina, afirmó que su extensa investigación reveló que las
inmunizaciones infantiles están “... causando una encefalitis de bajo
grado en los niños, a una escala mucho mayor de la que las autoridades
médicas estaban dispuestas a admitir, alrededor del 15-20% de todos
los niños”. Señala que las secuelas de la encefalitis (inflamación del
cerebro, consecuencia documentada de la vacunación) incluyen: autismo,
problemas de aprendizaje, daño cerebral mínimo y no tan mínimo,
convulsiones, epilepsia, trastornos del sueño y de la alimentación,
trastornos sexuales, asma, síndrome de muerte infantil súbita,
diabetes, obesidad y violencia impulsiva. Estos son precisamente los
trastornos que afectan a la sociedad contemporánea. Muchos de estos
desórdenes eran relativamente raros en el pasado, pero se han vuelto
más comunes a medida que se han generalizado los programas de
vacunación infantil. Coulter también señala que “...la toxina de la
tos convulsa se utiliza para crear encefalitis en animales de
laboratorio.” Por lo tanto, no sólo se conoce la capacidad de causar
daño cerebral que tiene la vacuna contra la tos convulsa; los
investigadores clínicos cuentan con esta característica al estudiar
desórdenes cerebrales.

En un estudio alemán se encontró una relación entre las vacunas y 22
problemas neurológicos, incluídos el déficit de atención y la
epilepsia. Otro dilema es que los elementos virales de las vacunas
pueden permanecer en el cuerpo humano y mutar durante años, con
consecuencias desconocidas. Millones de niños están siendo parte de un
experimento enorme que carece de una buena planificación y
seguimiento; y la comunidad médica no está haciendo ningún esfuerzo
sincero y organizado para monitorear los efectos negativos o para
determinar las consecuencias a largo plazo. Dado que los estudios a
largo plazo sobre los efectos adversos de las vacunas son virtualmente
inexistentes, su uso generalizado, sin el consentimiento de personas
debidamente informadas, constituye experimentación médica. Tal como lo
señalaran la Asociación Americana de Médicos y Cirujanos y el Centro
Nacional de Información sobre las Vacunas, esto es una violación del
primer principio del Código de Nüremberg, “obra central de la bioética
moderna”.[liv] [lv]

El doctor Bart Classen, Ph.D., fundador de Classen Immunotherapies y
creador de tecnologías aplicadas a las vacunas, ha llevado a cabo
estudios epidemiológicos alrededor del mundo y ha hallado que las
vacunas son la causa del 79% de los casos de diabetes tipo 1 en niños
de menos de 10 años de edad. El aumento del riesgo iba desde 9% con la
vacuna contra la difteria hasta 50% en el caso de la vacuna contra la
hepatitis B. De acuerdo a Classen, los datos de los Centros para el
Control de las Enfermedades confirman sus conclusiones. Sin embargo,
las implicaciones de su trabajo van mucho más allá de la diabetes, tal
como señala este comentario suyo en el British Medical Journal, en
1999: “La incidencia de muchas enfermedades inmunológicas crónicas,
como ser el asma, las alergias y los cánceres inmuno-modulados, ha
aumentado rápidamente y puede también estar vinculada a la vacunación”.
[lvi] Sus hallazgos sobre la diabetes pueden ser tan sólo la punta del
iceberg.

Estudios recientes en los Estados Unidos y en Inglaterra sugieren que
las vacunas causan autismo.[lvii] [lviii] [lix] El envenenamiento con
mercurio y el autismo tienen síntomas casi idénticos,[lx] y un solo
día de aplicación de vacunas puede inyectar 41 veces más que el nivel
de mercurio que se sabe causa daño.[lxi] La incidencia de autismo en
California ha aumentado 1000% en los últimos 20 años, con aumentos
dramáticos luego de la introducción de la vacuna triple viral a
principios de los ´80. En Inglaterra hubo un dramático crecimiento del
autismo comenzando en los ´90, luego de que se introdujera allí la
vacuna triple viral. Algunos niños reciben, a través de las vacunas,
100 veces más mercurio que la cantidad máxima permitida por la Agencia
de Protección Ambiental (EPA). En enero del año 2000, la revista de
Reacciones Adversas a los Medicamentos informó que la vacuna triple
viral no fue testeada adecuadamente y que no se le debió haber
otorgado la licencia. Otro dato que apoya la sospecha de que las
vacunas causan autismo es la existencia de un grupo de médicos que han
logrado mejorías enormes en la salud y el comportamiento de pacientes
autistas, mediante la utilización de un régimen sistemático de
desintoxicación de mercurio.[lxii] Hoy en día, 1 de cada 150 niños
padece autismo, de acuerdo al Centro Nacional de Información sobre las
Vacunas. A principios de los años 40, antes de la introducción de la
mayoría de las vacunas que hoy son habituales, el autimo era una
enfermedad rara, y pocos eran los médicos que alguna vez veían un
caso.

7° VERDAD DE LAS VACUNACION

“Los efectos adversos de las vacunas a largo plazo han sido
virtualmente ignorados, a pesar de correlaciones convincentes con
muchas enfermedades crónicas. Los médicos no pueden explicar el
dramático aumento de muchas de estas enfermedades.”

8° MITO DE LAS VACUNACION

“Las vacunas son la única forma de prevenir enfermedades... ¿o no?”

La mayoría de los padres se sienten obligados a tomar alguna medida
para prevenir las enfermedades de sus hijos. Si bien nada brinda una
garantía del 100%, existen opciones viables. Históricamente, la
homeopatía ha demostrado muchas veces ser más efectiva que la medicina
alopática en la prevención y el tratamiento de enfermedades. En el
brote de cólera de 1849 en los EE.UU., la tasa de mortalidad de
quienes utilizaron la medicina alopática fue de entre el 48% y el 60%,
mientras que los hospitales homeopáticos tuvieron una tasa de
mortalidad de solamente 3%.[lxiii] A grandes rasgos, estos porcentajes
siguen siendo ciertos, hoy en día, en el caso del cólera.[lxiv] En
estudios epidemiológicos recientes se ve que los remedios homeopáticos
son iguales o mejores para prevenir enfermedades que la vacunación
ortodoxa. Hay informes de poblaciones tratadas homeopáticamente
después de haber estado expuestas al causante de la enfermedad, que
tuvieron una tasa de éxito del 100% - ninguno de los que recibieron el
tratamiento se enfermó.[lxv]

Se pueden conseguir kits homeopáticos para la prevención de
enfermedades.[lxvi] Los remedios homeopáticos también se pueden tomar
solamente durante los momentos de mayor riesgo (brotes de la
enfermedad, viajes, etc), y han demostrado ser altamente efectivos en
tales casos. Y debido a que estos remedios no tienen componentes
tóxicos, tampoco tienen efectos adversos. Además, la homeopatía ha
sido efectiva para revertir algunas de las discapacidades causadas por
las reacciones a las vacunas, así como también muchas otras
enfermdades crónicas con las cuales la medicina alopática ha tenido
poco éxito.

8° VERDAD DE LAS VACUNACION

“Existen hace décadas alternativas efectivas y seguras a las vacunas
(y han sido documentadas). Sin embargo han sido atacadas y suprimidas
en forma sistemática por la comunidad médica.”

9° MITO DE LAS VACUNACION

“Las vacunas son obligatorias por ley, por lo tanto son inevitables...
¿no es así?”

Las leyes que regulan la vacunación varían según el estado. Si bien
todos los estados legalmente requieren la vacunación, todos ofrecen
uno o más exenciones legales. Es raro que los funcionarios escolares y
sanitarios ofrezcan voluntariamente información sobre las exenciones,
y a menudo brindan información equivocada. Por lo tanto, es importante
conocer las leyes en su estado para saber exactamente cuáles son los
requisitos. Cada estado ofrece uno o más de los siguientes tres tipos
de exención:

1) Exención médica: Los 50 estados de los EE.UU. permiten una exención
médica. Sin embargo, son pocos los pediatras que examinan si hay
indicadores de aumento de riesgo, antes de aplicar las vacunas, así
que es aconsejable que los padres investiguen este tema por sí mismos,
si tienen motivos para creer que su hijo puede estar predispuesto a
una reacción a las vacunas. La epilepsia, las alergias severas, y/ó
una reacción adversa anterior en un niño o en algún hermano, son sólo
algunas de las muchas condiciones, en la historia de un niño o en la
de su familia, que pueden aumentar el riesgo de tener una reacción
adversa, y que por lo tanto dan derecho a una exención médica para una
o más vacunas.. Por lo general, sin embargo, son difíciles de
conseguir, a veces se dan solamente a aquellos que ya han tenido una
reacción adversa, o son válidas sólo para la vacuna que se cree causó
la reacción adversa anterior, o temporales, con validez sólo mientras
dure la condición que dio lugar a la exención.

2) Exención religiosa: Se permiten exenciones religiosas en 48 estados
(todos menos Mississippi y West Virginia). Las leyes de un estado
pueden requerir que sea necesario ser miembro de una religión
establecida. Sin embargo, este requisito ha sido hallado
inconstitucional en cortes federales de Nueva York; las creencias
religiosas personales son suficientes para obtener una exención
religiosa, aunque usted no pertenezca a una religión organizada.
[lxvii] [lxviii] [lxix] [lxx] En un caso, los denunciantes fueron
indemnizados por daños; según la corte, el estado había violado sus
derechos civiles al negarles una exención religiosa.

3) Exención de carácter personal o filosófico: Unos 19 estados
permiten este tipo de exención, reconociendo el derecho de objetar la
vacunación por motivos que no sean ni médicos ni religiosos.

No se les puede prohibir a los niños exentos que vayan a la escuela,
salvo durante brotes locales de la enfermedad. Todas las escuelas,
privadas o públicas, deben acatar las mismas leyes estatales y las
mismas exenciones legales para las vacunas.

La mejor manera de conseguir un ejemplar de las leyes de vacunación de
su estado es a través de un funcionario estatal de salud pública.
Puede que alcance con llamar por teléfono al Departamento de
Epidemiología o Inmunización de su estado (el nombre exacto depende
del estado) para pedir que le envíen por correo un ejemplar. O, por
una pequeña suma, el NVIC y New Atlantean Press le venderán una copia
de las leyes de inmunización de su estado (ver información al final de
este artículo). Se pueden buscar ls estatutos en Internet (ver, por
ejemplo, www.findlaw.com), pero de haber cambios muy recientes en la
ley, estas fuentes pueden no incluírlos. También son buenas fuentes,
por supuesto, las bibliotecas legales y los abogados.

9° VERDAD DE LAS VACUNACION

“Muchos ciudadanos norteamericanos (no todos) pueden conseguir
exenciones legales a las vacunas”.

10° MITO DE LAS VACUNACION

“Los funcionarios de salud pública siempre tienen la salud como
prioridad absoluta... ¿no es cierto?”

La historia de la vacunación está repleta de casos documentados de
engaños con el fín de mostrar a las vacunas como los poderosos
vencedores de las enfermedades, cuando de hecho muchas veces han
demorado e incluso revertido la disminución de las mismas. El
Departamento de Salud del Reino Unido ha admitido que el diagnóstico
de las enfermedades subsecuentes dependía de si la persona había o no
recibido vacunas; cuando habían sido vacunadas se les daba un
diagnóstico alternativo; se falsificaban los registros de los
hospitales y los certificados de defunción. Hoy en día, muchos médicos
siguen siendo reacios a diagnosticar ciertas enfermedades en niños
vacunados, y el mito sobre el éxito de las vacunas continúa.

Los conflictos de intereses son la norma en la industria de las
vacunas. Miembros y presidentes de los comités consultivos sobre las
vacunas, tanto en la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA)
como en los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), poseen
acciones en empresas farmacéuticas que fabrican vacunas; en ambos
comités hay individuos dueños de patentes de vacunas que están bajo
consideración o que pueden ser afectadas por las decisiones que estos
mismos comités tomen. Los CDC otorgan anualmente exoneraciones por
conflictos de intereses a cada miembro del comité de asesoramiento, lo
cual permite la plena participación en los debates que culminan con el
voto de cada uno de los miembros, tengan o no un interés económico en
la decisión..[lxxi]

La preocupación por las recciones adversas y por los conflictos de
intereses hizo que la Sociedad Norteamericana de Médicos y Cirujanos
emitiese una resoluciòn para que el Congreso pidiera una “moratoria en
la obligatoriedad de las vacunas y que los médicos insistan acerca de
que la persona debe realmente informarse antes de decidir si vacunar o
no”. Aprobada por unanimidad en el mes de octubre del año 2000, en el
encuentro anual de la Sociedad, la resolución hace referencia al
“creciente número de vacunas infantiles obligatorias a las cuales
se... somete a los niños sin... informar a los padres sobre los
potenciales efectos adversos”; “al hecho de que las pruebas de
seguridad de muchas vacunas son limitadas y los datos no están
disponibles para ser examinados independientemente, por lo cual la
vacunación sistemática de la población es equivalente a la
experimentación médica, y por lo tanto está sujeta al Código de
Nüremberg, que requiere que los participantes estén informados para
acceder voluntariamente al procedimiento”; y el hecho de que “el
proceso de aprobar y “recomendar” vacunas está viciado por los
conflictos de intereses”.[lxxii]

El doctor Bart Classen, Licenciado en administración de empresas, es
fundador y CEO de Classen Immunotherapies. Se dedica a desarrollar
tecnología aplicada a las vacunas. En octubre de 1999, en una
declaración al Congreso, sostuvo que “está claro... que lo que
determina las políticas de inmunización del gobierno... es la política
y no la ciencia. Puedo mencionar numerosos casos en que los empleados
del Servicio de Salud Pública de los EE.UU.... parecen estar
interesados en beneficiarse personalmente, actuando como
representantes comerciales, apoyando fines políticos. En un caso en
particular, los empleados de un gobierno extranjero, que estaban
financiados y trabajaban estrechamente vinculados al Servicio de Salud
Pública de los EE.UU., enviaron datos falsos a una importante
publicación médica. Los datos verdaderos indicaban que la vacuna era
peligrosa, pero los datos falsos que se enviaron indicaban que no
había riesgo. Un empleado del Instituto Nacional de Salud, quien
maneja subvenciones de grandes sumas para las vacunas, publicó una
carta con información falsa, conjuntamente con uno de los empleados de
aquel gobierno extranjero. Como usted sabe, es ilegal falsificar datos
provenientes de investigaciones financiadas por el gobierno de los
EE.UU.”. El Dr. Classen recomendó que el Congreso contrate a un fiscal
especial “para determinar si los funcionarios de salud están
respetando las leyes promulgadas para asegurar que las vacunas sean
seguras” y para determinar “si los funcionarios de salud pública,
conjuntamente con los fabricantes, están engañando al público acerca
de la seguridad de estos productos”.[lxxiii]

15.000 ciudadanos franceses han demandado a su gobierno a causa de las
reacciones adversas provocadas por la vacuna contra la hepatitis B.
[lxxiv] Los anteriores funcionarios de salud pública están cumpliendo
condenas en prisión, luego de que se supiera que no actuaron de
acuerdo a la ley para garantizar que la vacuna sea segura, y se ha
interrumpido el uso de esta vacuna para los niños en edad escolar.
Pero aún puede ser la suerte del personal militar de los EE.UU.:
“...cuatro cartas de la Administración de Alimentos y Medicamentos y
del Sercicio de Salud Pública... revelan claramente que se aprobó la
comercialización de la vacuna contra el ántrax sin haberse efectuado
ni siquiera una prueba clínica controlada”.[lxxv] Obviamente, las
pruebas clínicas son absolutamente indispensables para determinar que
cualquier producto farmacéutico sea seguro y efectivo. El personal
militar ha sido, y sigue siendo, sujeto involuntario de un experimento
médico carente de ética.

10° VERDAD DE LA VACUNACION

“Muchos de los funcionarios de salud pública que toman decisiones
acerca de las políticas de vacunación se benefician substancialmente
con sus propias decisiones”.

CONCLUSIONES

En el Medical Post de diciembre de 1994, la doctora canadiense
Guylaine Lanctot, autora del best-seller “Medical Mafia” (La mafia
médica), dijo: “Las autoridades médicas siguen mintiendo. La
vacunación ha sido un desastre para el sistema inmunitario. De hecho,
causa muchas enfermedades. La verdad es que con las vacunas estamos
cambiando nuestro código genético... dentro de 100 años se sabrá que
las vacunas fueron el mayor crimen contra la humanidad”. Después de un
análisis crítico de literalmente decenas de miles de páginas de la
literatura científica sobre las vacunas, la Dra. Viera Scheibner llegó
a la conclusión de que “no hay ninguna evidencia de que las vacunas
tengan la capacidad de prevenir ninguna enfermedad. Por el contrario,
existe una gran cantidad de evidencia de que causan serios efectos
adversos”.[lxxvi] El Dr. Classen ha dicho: “Mi datos demuestran que
los estudios que se utilizan para apoyar la vacunación son tan
defectuosos que es imposible decir si la inmunización brinda o no un
beneficio neto a alguna persona o a la sociedad en general. Esta
pregunta solo se puede responder con estudios adecuados, estudios que
nunca se han llevado a cabo. El error de los estudios anteriores es
que no se hizo ningún seguimiento a largo plazo ni se tuvo en cuenta
la toxicidad crónica. La Sociedad Norteamericana de Microbiología ha
apoyado mi investigación... y por lo tanto, reconoce la necesidad de
realizar estudios adecuados”.[lxxvii] Estas posturas pueden parecer
radicales, pero no carecen de fundamento. La continua negación de la
evidencia en contra de las vacunas no hace más que perpetuar los
“Mitos” de su “éxito” y lo que es más importante, sus consecuencias
negativas en nuestros niños y en nuestra sociedad. Se justifica
claramente la necesidad de llevar a cabo investigaciones científicas
enérgicas y abarcativas. Sin embargo, los programas de vacunación
continúan expandiéndose, aunque no existan tales investigaciones. Las
ganancias de los fabricantes están garantizadas, mientras que la
responsabilidad por los efectos negativos está curiosamente ausente.
Esto es muy triste sobre todo si tenemos en cuenta que existen
alternativas seguras y efectivas, que pueden conseguirse con
facilidad.

Las afirmaciones de más arriba no provienen de un puñado de lunáticos
marginales; hay denuncias de organizaciones profesionales enteras. A
nivel mundial, las críticas a las vacunas provienen de un número
creciente de científicos con reputación y credibilidad, de
investigadres, y de padres que se han informado sobre el tema. Son los
funcionarios de salud pública y los partidarios intransigentes de las
vacunas (muchos de los cuales tienen intereses financieros que
dependen del resultado del debate) los que están empezando a perder
credibilidad, al negarse a reconocer la evidencia creciente sobre los
problemas de las vacunas, y al negarse a abordar los problemas reales,
serios y documentados de las vacunas.

Mientras tanto, la carrera continúa. Se están desarrollando más de 200
nuevas vacunas[lxxviii] para todo, desde control de natalidad hasta
adicción a la cocaína. Aproximadamente 100 ya están en fase de ensayo
clínico. Hay investigadores trabajando en el desarrrollo de vacunas
que puedan administrarse con sprays nasales, mosquitos (sí, leyó bien,
mosquitos), y frutas de plantas “transgénicas” en las que se cultiva
el virus de la vacuna. Dado que cada adulto y cada niño de este
planeta es un potencial receptor obligado de múltiples dosis, y dado
que cada sistema de salud y cada gobierno es un potencial comprador,
no es sorprendente que se gasten muchísimos millones de dólares
alimentando la creciente industria multimillonaria de las vacunas. Sin
protestas públicas, seguirán apareciendo vacunas que tendremos que
recibir nosotros y nuestros hijos. Y aunque las ganancias se calculan
con facilidad, el costo humano real está siendo ignorado.

Sea cual sea su decisión sobre las vacunación, infórmese primero;
tiene ese derecho y esa responsabilidad. Es un tema difícil, pero hay
más que suficiente en juego como para justificar el tiempo y la
energía que hagan falta para investigarlo.

PARA MAS INFORMACION:

En español:

1. Liga para la Libertad de Vacunación: www.vacunacionlibre.org

En inglés:

1. Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (National Vaccine
Information Center), 512 Maple Avenue West #206, Vienna, VA 22180.
703-938-DPT3; 800-909-SHOT (7468).
Email: i...@909shot.com
Sitio web: http://www.909shot.com

2. Vaccine Information & Awareness (VIA), Karin Schumacher, J.D.,
Director. 792 Pineview Drive San Jose, CA 95117. 408-397-4192 (voice
mail/pag-er) 408-554-9053 (phone/fax). Email: v...@access1.net. Para
obtener información de ambos lados del debate, visite el sitio de VIA:
http://www.access1.net/via

3. Vaccine Policy Institute, 251 Ridgeway Dr., Dayton, OH 45459,
Krystine Severyn, R.Ph., Ph.D., ph/fax: 513-435-4750. Revista
trimestral. Información de un experto en vacunas altamente informado y
con credenciales de muy alto nivel.

4. New Atlantean Press P.O. Box 9638 Santa Fe, NM 87504 505-983-1856.
Libros, cassettes y videos. Solicitar catálogo.

5. Diane Rozario, Immunization Resource Guide, 4th Edition, Patter
Publications, P.O. Box 204, Burlington, IA 5260. 319-752-0039,
888-513-7770, fx 208-361-8889. atterpublicati...@yahoo.com.
http://patterpubli-cations.safeshopper.com, http://www.
immunizationinfo.bigstep.com/. Esta guía contiene tanto opiniones a
favor como en contra de las vacunas, y su precio es razonable.

ACERCA DEL AUTOR

Al momento de terminar esta revisión, Alan Phillips es un estudiante
de 3° año de Derecho en la Universidad de Carolina del Norte, en
Chapel Hill, y es cofundador y codirector de Citizens for Healthcare
Freedom, una organización sin fines de lucro dedicada a concientizar a
la población sobre las vacunas y partidaria de la toma de decisiones
luego de informarse. Alan tiene experiencia en escritos técnicos,
evaluación de escritos, educación primaria, ha sido escritor
independiente y ha investigado temas de salud alternativa. Es conocido
a nivel internacional como músico profesional y como productor. Es
reverendo, y tiene planeado dedicarse a la abogacía en Chapel Hill,
Carolina del Norte, luego de su admisión en el Colegio de Abogados.

CHARLAS INTRODUCTORIAS SOBRE LAS VACUNAS

Alan Phillips brinda charlas introductorias sobre el controvertido
tema de las vacunas. El propósito de estas charlas es servir de
complemento y suplemento de este artículo. Para organizar una de estas
charlas en su casa, trabajo, biblioteca pública, etc, escriba a CHF
Lectures, P.O. Box 62282, Durham, NC 27715-2282, o por e-mail a
lawp...@juno.com

TAMBIEN DISPONIBLE:

Alan ha investigado y escrito sobre varios temas legales vinculados a
las vacunas, incluído el tema de las exenciones legales (con especial
atención a la exenciones religiosas en conexión con la ley federal),
sobre el Programa Nacional de Compensación por Daños causados por las
Vacunas, y sobre la conexión entre los daños causados por las vacunas
y el síndrome del bebé sacudido; casos documentados en los que los
padres y las personas responsables por un niño son culpadas de abuso
de menores, y luego se demuestra que el daño fue causado por una
vacuna.

ACERCA DE “DISIPANDO LOS MITOS DE LAS VACUNACION”

Ha sido reproducido en:

1. Parenteacher magazine, verano/2000.

2. Claudia’s Abundant Life Health Food Market, 09/1999 – 02/2000.

3. Epidemics, Opposing Viewpoints, Greenhaven Press, 1999.

4. birth issues, fall 1999. Canadian magazine of the Association for
Safe Alternatives in Childbirth (ASAC).

5. The Home-Grown Family, primavera, otoño y verano, 1998-99. Revista
sobre educación en el hogar desde una óptica cristiana.

6. The Immune Manual, Life and Health Research Group, CA, 1997.

7. Hindustan Times y otros diarios indúes, dos revistas homeopáticas
indúes, 1997 (de acuerdo a la Sai Sanfeevini Foundation, New Delhi,
India).

8. NEXUS Magazine, Octubre-Noviembre, 1997. Revista internacional.

9. Wildfire, spring 1996. Revista norteamericana de los
norteamericanos nativos.

10. Numerosas publicaciones de grupos de base de distintas partes del
mundo.

Ha sido distribuido por:

1. Sai Sanjeevini Foundation, New Delhi, India.

2. HealthAction Network, UK.

3. Vaccine Information Network, New Zealand.

4. Prometheus (editorial), UK.

5. Medical Missionary Press, NC, USA.

6. Asian Pacific Homeopathic Association, Hong Kong.

Pedido para ser utilizado en el aula por:

1. Sheffield Homeopathic College, UK.

2. Un neurólogo italiano.

3. Un profesor de universitario de medicina de Carolina del Norte.

En Internet

Ha sido reproducido en muchos sitios. Continuamente se lo reproduce en
distintas páginas de la Red. Al momento de esta revisión, el sitio de
la organización de Alan es www.unc.edu/~aphillips/www/chf

REFERENCIAS

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Technical Information Service, Springfield, VA 22161, 703-487-4650,
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http://www.fda.gov/cber/vaers/vaers.htm.

[2] Statement of the National Vaccine Information Center (NVIC),
Hearing of the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and
Human Resources, "Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?"
September 28, 1999.

[3] Less than 1%, according to Barbara Fisher, citing former FDA
Commissioner David Kessler, 1993, JAMA, in the Statement of the NVIC,
supra note 2.

[4] Less than 10%, according to KM Severyn, R.Ph., Ph.D. in the Dayton
Daily News, May 28, 1993. (Vaccine Policy Institute, 251 Ridgeway Dr.,
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#206, Vienna, VA 22180, 703-938-0342; "Investigative Report on the
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[8] 42 U.S.C.S. § 300aa-25(b)(1)(A),(B).

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[11] Id.

[12] Viera Schiebner, Ph.D., Vaccination: 100 Years of Orthodox
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[34] Chicago Dept. of Health.

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[36] Neil Miller, supra note 33 at 45 [NVIC News, April 92 at 12].

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[39] Quoted from the internet, credited to Keith Block, M.D., a family
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[40] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 15.

[41] Id. at 21.

[42] Id. at 21 (British Medical Council Publication 272, May 1950).

[43] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 21; see also Neil Miller,
supra note 33 at 47 (Buttram, MD, Hoffman, Mothering Magazine, Winter
1985 at 30; Kalokerinos and Dettman, MDs, "The Dangers of
Immunization," Biological Research Inst. [Australia], 1979, at 49).

[44] See Mayo Vaccine Research Group, supra note 27.

[45] See Neil Miller, supra note 33 at 34.

[46] Chairman/Congressman Dan Burton, Committee of Government Reform,
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Inc. 1981.

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[52] Id. [Reported by KM Severyn, R.Ph., Ph.D.]

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[61] Congressman Dan Burton, House Committee on Government Reform,
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[62] Press Release, Feb. 12, 2001; see http://www.autism.com/ari/press1.html

[63] Dana Ullman, Discovering Homeopathy, at 42 (Thomas L. Bradford,
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[64] See S. Curtis, supra note 34.

[65] See S. Curtis, supra note 34.

[66] Isaac Golden, Vaccination? A Review of Risks and Alternatives,
5th Edition, 1994. (Australia).

[67] Allanson v. Clinton Central School District, No. CV 84-174, slip
op. at 5 (N.D.N.Y. 1984).

[68] Sherr and Levy vs. Northport East-Northport Union Free School
District, 672 F. Supp. 81 (E.D.N.Y. 1987).

[69] Fishkin v. Yonkers Public Schools, 710 F. Supp. 506 (S.D.N.Y.
1989).

[70] Berg v. Glen Cove City School District, 853 F. Supp. 651
(E.D.N.Y. 1994).

[71] Congressman Dan Burton, Committee on Government Reform, “FACA:
Conflicts of Interest and Vaccine Development: Preserving the
Integrity of the Process,” June 15, 2000.

[72] “AAPS Resolution Concerning Mandatory Vaccines” at
http://www.aapsonline.org/aaps/.

[73] J. Barthelow Classen, M.D., M.B.A.

President and CEO, Classen Immunotherapies, Inc., 6517 Montrose Ave,
Baltimore, MD 21212

Tel: (410) 377-4549 Fax: (410) 377-8526

E-mail: Clas...@vaccines.net, letter to The Honorable Dan Burton,
Chairman U.S. House of Representatives, Committee on Government
Reform, Washington, DC 20515, October 12th, 1999, at http://vaccines.net.

[74] “Show us the Science,” Mothering Magazine, March/April 2001,
Report on the Sept. 2000 NVIC Vaccine Conference.

[75] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.

[76] Viera Scheibner, PhD, 178 Govetts Leap Road, Blackheath, NSW
2785, Australia; phone +61 (0)2 4787 8203, Fax +61 (0)2 4787 8988

[77] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.

[78] Statement of the National Vaccine Information Center, Hearing of
the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and Human
Resources, "Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?"
September 28, 1999.

Nota tomada de  Disipando los mitos de la vacunación
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