La puntuación constituye uno de los recursos fundamentales para distribuir y organizar la estructura y el contenido del texto escrito. Sin embargo, es uno de los aspectos de la composición del texto quizás más difíciles de enseñar y más complejos de dominar. Haciendo clic en los siguientes vínculos podrás navegar por los recursos teóricos y prácticos que te ofrecemos.
Ni siquiera la puntuación es tan importante en el texto y al mismo tiempo tan desconocida, como lo es el párrafo. No es sólo que los manuales de redacción, con alguna excepción, no hablen de él, sino que el estudiante suele tener poca noción o ninguna de qué es, de qué se compone y para qué sirve: suele redactar al azar.
Un juego tan simple como el que encontrarás en la siguiente página sirve para darse cuenta de la trascendencia que llega a tener esta unidad en el texto. ¿Cuál de las páginas siguientes crees que está mejor escrita, mejor ordenada? ¿Cuál crees que sería más fácil de leer?
La respuesta más habitual suele ser la B, que es la que presenta un número de párrafos más adecuado con respecto a la página, y con un tamaño parecido. La página A causa pereza de leer incluso antes de ver la letra: estos párrafos tan largos dan la sensación de un texto comprimido. Pero la situación contraria, la página C, no es mucho mejor: tantos párrafos y tan cortos parecen una lista desligada de ideas donde no pueda haber argumentos elaborados. Y seguramente la página D es la provoca mayor desconfianza por la variación desmesurada del tamaño de los párrafos, que insinúa una anarquía estructural.
El párrafo sirve para estructurar el contenido del texto y para mostrar formalmente esta organización. Utilizado con acierto facilita el trabajo de comprensión; pero empleado de manera incorrecta o gratuita, puede llegar incluso a entorpecer la lectura.
Se suele definir el párrafo como un conjunto de frases relacionadas que desarrollan un único tema. Es una unidad intermedia, superior a la oración e inferior al apartado o al texto, con valor gráfico y significativo. Tiene valor gráfico porque empieza con mayúscula y termina con punto y aparte. Tiene unidad significativa porque trata exclusivamente un tema, subtema o algún aspecto particular en relación con el resto del texto.
En los textos breves de dos páginas o menos, el párrafo es trascendental, porque no hay otra unidad jerárquica (capítulo, apartado, punto) que clasifique la información y, de este modo, pasa a ser el único responsable de la estructura global del texto. Se encarga de marcar los diversos puntos de que consta un tema, de distinguir las opiniones a favor y en contra, o de señalar un cambio de perspectiva en el discurso. De esta manera, el párrafo llega a asumir funciones específicas dentro del texto: se puede hablar de párrafos de introducción, de conclusiónfinal, de recapitulación, de ejemplos o de resumen.
2.2. Tipología
En el interior del párrafo se suelen distinguir varios constituyentes: la entrada inicial, la conclusión, el desarrollo, los marcadores textuales, etc. El elemento más importante es la frase temática. Esta frase puede ocupar la primera posición y, por lo tanto, introduce el tema o la idea central. En este caso, hablamos de párrafos deductivos. También existe la posibilidad que esta frase aparezca al final, constituyendo párrafos inductivos; o incluso puede aparecer en el medio del párrafo y formar párrafos híbridos. Veamos algunos ejemplos:
Párrafo inductivo
El primer uso de los plásticos fue servir de sustituto a materiales naturales como el metal, la piel, la goma, etc. Los teléfonos se empezaron a hacer de un plástico llamado "bakelite"; las suelas de los zapatos y, más adelante, la parte superior de los mismos se empezaron a confeccionar con diversos sustitutos de la goma y la piel; la Segunda Guerra Mundial supuso el desarrollo de neumáticos y llantas de una goma especial (goma "butly"). Aunque se llame "goma", los objetos fabricados con "butly" eran, y son, totalmente sintéticos. Sin el plástico no tendríamos muchas de las cosas que nos son habituales: no dispondríamos de varios tipos importantes de aislamiento eléctrico ni de la amplia diversidad de películas fotográficas existentes hoy en día. Si miramos atrás, podemos ver cómo nuestras vidas han cambiado gracias a los plásticos.
Párrafo deductivo
En el párrafo puede reflejarse una concepción del mundo. La lenta exposición del primer plano es el párrafo largo. El párrafo corto es rápido; a cada punto y aparte ha pasado ya, fugaz, una racha de tiempo. El párrafo largo hay que leerlo despacio; el corto puede leerse de prisa. El párrafo largo es una solemne marea; mientras que el corto puede convertirse en una rápida gillotina.
Párrafo híbrido
Las palmeras datileras han crecido prolíficamente durante miles de años tanto en Mesopotamia (actual Irak) como en Egipto. Los dátiles son ricos en azúcar y en climas tan cálidos como estos la fermentación en un líquido que contiene alcohol se produce con bastante rapidez. Por ello, aunque los primeros documentos sobre la elaboración de vino a partir de dátiles son de los años 3.000 a 2.000 a.C., suponemos con bastante certeza que se hacía mucho antes. Ya que el fruto mismo guarda el hongo de la levadura que causa la fermentación, hacer vino del dátil fue un proceso completamente sencillo. Las únicas piezas del equipamiento necesarias eran un jarro para contener el "mosto" del dátil (los dátiles y su líquido) y un colador al final de la fermentación.
También existe la posibilidad de que los párrafos no contengan la frase temática porque se desprende de la información que presenta el párrafo. Este tipo de párrafo se denomina implícito.
Por ejemplo:
Cuando le preguntas a alguien si le gusta escribir y qué escribe, la conversación se llena inevitablemente de tópicos- Alguien puede entenderla escritura en el sentido literario, esto es, si le gusta escribir cuentos, poemas o cualquier otro texto creativo. Alguien pensará en las cartas i responderá seguramente que no, muy raramente, porque es más rápido llamar por teléfono; i después comentará que cada vez lee menos.
Asimismo, la última frase puede cerrar la unidad con algún comentario global o una recapitulación que recupere algún dato relevante. En medio suele haber varias frases que desarrollan el tema y que a veces pueden estructurarse mediante marcadores textuales. Pero raramente los párrafos contienen todos estos elementos a la vez y de manera tan evidente. Lo más normal es que tengan uno u otro y más o menos escondidos.
2.3. ¿Cómo se construyen?
El contenido también determina la organización del párrafo. Los teóricos distinguen diversas estructuras según el tipo de datos expuestos. Así, una argumentación requiere necesariamente tesis, argumentos y tal vez también ejemplos; una argumentación orden cronológicamente las frases; una pregunta retórica precede a la respuesta razonada; un contraste de datos (a favor/en contra, ventajas/inconvenientes, positivo/negativo) se articula con marcadores del tipo por una parte/por otra parte, pero, en cambio... Y un párrafo de lista de casos posibles, como por ejemplo éste, contiene una introducción general y la enumeración correlativa de unidades.
Con respecto a la extensión que debe tener el párrafo, no hay directrices absolutas. Varía notablemente según el tipo de texto, el tamaño del soporte o la época histórica. Una noticia suele tener párrafos más cortos que un informe técnico y todavía más que un tratado de filosofía. los manuales de estilo periodístico recomiendan brevedad y ponen varios topes: un máximo de 4 ó 5 frases, de 100 palabras o de 20 líneas.
En general, el aspecto visual parece imponerse a las necesidades internas de extensión. Lo que importa ante todo es que página y párrafos ofrezcan una buena imagen e inviten a la lectura, como hemos visto en el juego inicial. Por lo tanto, la recomendación más sensata es que cada página tenga entre tres y cuatro frases, aceptando siempre todas las excepciones justificadas que haga falta. Resulta difícil y peligroso reducir una recomendación a cifras absolutas.
Hay un truco para controlar los párrafos de un texto, tanto los que escribimos como los que leemos. Se trata de ponerles título, resumir el tema que tratan o la información que contienen en dos o tres palabras. Si los títulos resultantes no se solapan y guardan una buena relación de vecindad entre ellos; es decir, si no hay vacíos en el desarrollo temático, ni repeticiones, ni desórdenes, significa que los párrafos tienen unidad significativa y que están bien construidos. Además, el truquillo sirve para identificar con más facilidad el tema de cada unidad y ayuda a leer.
a) Formas lingüísticas para relacionar párrafos: los conectores
Existen diversos conectores que marcan las diversas relaciones que se pueden establecer entre los párrafos:
a.1) Introducción:
El propósito de este escrito es Hay que decir que nos proponemos Empecemos indicando Lo que se pretende Como introducción, Se va a tratar en este estadio
a.2) Asunto nuevo:
Por otro lado, Además, En cuanto a La siguiente questión Otro aspecto Por lo que respecta a Respecto a En/por lo que se refiere a En lo referente a
a.3) Resumen o conclusión:
En síntesis, En conclusión, A modo de conclusión, En resumen, En definitiva, En suma, En fin, Podemos concluir que En conjunto, Según/por todo lo dicho
a.4) Remisiones a otros párrafos:
Como ya hemos señalado, Como ya hemos comentado, Como decíamos líneas más arriba, Retomando nuestro tema central, Como a continuación se explicará, Veamos con más detenimiento este aspecto. Estudiemos ahora con detención lo ya apuntado.
a.5) Correlación o distribución:
En primer lugar, Por último, Para empezar, Para finalizar, Ante todo Especialmente, En principio, Finalmente,
b) Presentación gráfica
Los párrafos pueden presentarse gráficamente de diferentes formas, de las que destacamos tres:
b.1) Párrafo ordinario: empieza siempre con sangría y la última línea puede ser corta o larga (y ocupar todo el espacio en blanco). Es la forma más utilizada en textos manuscritos, como los exámenes escritos:
b.2)Párrafo alemán o moderno: ninguna línea lleva sangría, y la última ha de ser necesariamente corta, a no ser que los párrafos lleven blanco de separación, ya que, de no hacerse así, la división en párrafos desaparecería al no quedar claro el punto y aparte si las líneas finales llenan todo el espacio.
b.3) Párrafo francés: es la disposición inversa del párrafo ordinario; es decir, se sangran todas las líneas menos la primera; la última puede ser larga o corta. Se usa en diccionarios, índices, bibliografías, cuadros, apartados, etc. No suele usarse en un texto ordinario:
2.4. Errores más frecuentes
a) Desequilibrios: Mezcla anárquica de párrafos largos y cortos sin razón aparente. No existe un orden estructurado: el autor los ha marcado al azar.
b) Repeticiones y desórdenes: Se rompe la unidad significativa por causas diversas: ideas que debieran ir juntas aparecen en párrafos distintos, se repite una misma idea en dos o más párrafos, dos unidades vecinas tratan el mismo tema sin razón aparente que impida que constituyan un único párrafo, etc.
c) Párrafos-frase: El texto no tiene puntos y seguido; cada párrafo consta de una sola frase, más o menos larga. El significado se descompone en una lista inconexa de ideas. El lector debe hacer el trabajo de relacionarlas y construir unidades superiores.
d) Párrafos-lata: Párrafos excesivamente largos que ocupan casi una página entera. Adquieren la apariencia de bloque espeso de prosa y suelen contener en su interior diversas subunidades. El lector debe abrir la "lata" del párrafo para poder identificar y separar todas sus partes.
e) Párrafos escondidos: El texto está bien ordenado a nivel profundo, pero resulta poco evidente para el lector, que tiene que leer muy atentamente para descubrir su estructura. La prosa no tiene marcadores ni muestra visualmente su organización. El texto ganaría en claridad si hiciera más evidente el orden o, por ejemplo, si lo explicara al principio.
3. Los conectores
3.1. Introducción
Los conectores son marcadores discursivos que vinculan semántica y pragmáticamente un elemento del discurso con otro elemento anterior, o con una suposición contextual fácilmente accesible. Tienen como función señalar de manera explícita con qué sentido se van encadenando los diferentes fragmentos de oración del texto para ayudar al receptor de un texto guiándole en el proceso de interpretación.
Muchas veces se utiliza la analogía de comparar los marcadores discursivos con las señales de tráfico en la circulación vial. Así pues, entenderemos que los conectores son señales que el emisor va distribuyendo a lo largo de su discurso para que el destinatario siga el camino interpretativo trazado sin esfuerzos ni dificultades.
¿En que medida son necesarios los conectores?
Dado el carácter estructurador y de unión de los marcadores discursivos, parece lógico pensar que un texto presentará mejor articulación interna, mayor cohesión entre las diferentes partes y más claridad cuando contiene en la redacción estas expresiones conectivas. Indican cuáles son las relaciones semánticas que mantienen entre sí los enunciados, así como cuál es la estructura del texto. Ahora bien, cabe destacar que ello es así siempre que se haga un uso adecuado de los conectores, e incluso, en algunos casos, la utilización de estas unidades no es necesaria (por ejemplo, en la redacción del texto de una nota informal).
3.2. Propiedades gramaticales de los conectores
No todos los marcadores discursivos muestran las mismas propiedades entonativas, gramaticales y sintácticas en la oración y en el texto. De acuerdo con criterios gramaticales, los conectores se pueden dividir en dos grandes grupos:
Parentéticos: se denominan conectores parentéticos aquellos que van entre pausas (en el texto escrito entre comas, o bien entre pausa fuerte -punto y coma, punto- y coma). El hecho de que constituyan por sí mismos una unidad independiente explica que tengan gran independencia sintáctica dentro de la oración. Un rasgo común a todos estos conectores es que generalmente se combinan con verbos conjugados en indicativo.
A este primer grupo pertenecen secuencias conectivas como por ejemplo: sin embargo, por tanto, aun así, de todas maneras, en tal caso o en consecuencia.
Integrados en la oración: son los que no van entre pausas y presentan un elemento subordinante en su formación. Este tipo de conectores no tiene la misma capacidad de movilidad que los anteriores y, además, en unos casos se combinan con el modo indicativo y, en otros, con el subjuntivo.
Una característica gramatical que debe tenerse en cuenta es que, cuando la expresión conectiva contiene la conjunción subordinante que, necesariamente debe ir seguida de una frase y, por lo tanto, en la secuencia que les sigue debe aparecer un verbo conjugado. En cambio, cuando el conector sólo presenta una preposición, y no el nexo que, entonces el conector irá seguido de un sintagma nominal, o bien de un infinitivo cuando las dos frases relacionadas tienen el mismo sujeto.
Ejemplos: - conectores que contienen la conjunción subordinante que: a pesar de que, aunque, para que, salvo que, dado que, etc. - conectores que contienen una preposición, generalmente de: a pesar de, en vista de, a fin de,... - conectores que contienen una preposición, generalmente a: pese a, debido a. - elementos tradicionalmente considerados como "conjunciones": pero, porque, como, si, etc.
3.3. Tipología de conectores
En este apartado, nos centraremos en los tipos de conectores característicos de la lengua escrita planificada. Es evidente que no utilizamos el mismo tipo de conectores cuando hablamos que cuando escribimos, y también realizamos un uso distinto de estas expresiones conectivas dependiendo del tipo de texto que estamos elaborando. Es por esta razón que el uso de conectores resulta especialmente relevante en los textos de tipo expositivo y argumentativo, más que en los narrativos o descriptivos.
Como ya se ha analizado anteriormente, la función básica de los textos expositivo-argumentativos es presentar una serie de informaciones de manera razonable y convincente, a fin de conducir al lector a las conclusiones que interesan. Para ello, es imprescindible relacionar las oraciones entre sí. En este tipo de texto, es también muy importante mostrar cómo se encadenan los elementos en el interior de una serie, y señalar cuál es la estructura de la exposición. Para llevar a cabo todas estas operaciones, son imprescindibles las indicaciones claras que aportan los marcadores del discurso.
Dentro de la tipología de marcadores discursivos que se utilizan en los textos académicos podemos distinguir dos grandes grupos:
El concepto de legibilidad designa el grado de facilidad con que se puede leer, comprender y memorizar un escrito. Distinguimos entre legibilidad tipográfica, que se centra en la percepción visual del texto (dimensión de la letra, contraste de fondo y forma) y legibilidad lingüística, que trata aspectos estrictament verbales, como la selección léxica o la longitud de la frase. A continuación se dan algunas recomendaciones para hacer los textos más legibles y claros para el lector; son recomendaciones que suelen dar los libros de estilo; por un lado, en relación a la construcción de oraciones y, por otro lado, en relación al uso de las palabras.