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Dos visiones sobre Revolución y Cultura
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La Polilla  
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 Más opciones 6 nov, 23:09
De: La Polilla <lab...@gmail.com>
Fecha: Sat, 7 Nov 2009 00:09:18 -0500
Local: Vie 6 nov 2009 23:09
Asunto: Dos visiones sobre Revolución y Cultura

 *En el breve lapso de unos miinutos han llegado a esta redactora dos
trabajos que enfocan la relación entre cultura y Revolución en nuestro
contexto. Los compartimos ahora con ustedes*
**
*1.
**La cultura en la Revolución cubana*

Por Fernando Martínez Heredia

Como el tema es prácticamente inabarcable, escogeré algunos de los asuntos y
problemas que me parecen centrales, en el espíritu de incitar a los
intercambios y debates de este Foro, más que de exponer argumentos que no
cabrían en los objetivos y el tamaño de este texto.

La Revolución misma ha sido el mayor y más trascendente hecho cultural de
este medio siglo. Ella hizo retroceder los límites de lo posible y desató
las actuaciones, las ideas, los sentimientos y las potencialidades humanas.
La mayoría de los cubanos y cubanas salió del mundo en que vivía, lleno de
opresiones, miseria material, injusticias, mezquindades, falta de
oportunidades y de escolarización.

En un mismo proceso se apoderaron de su país y de sus condiciones de
existencia, y fueron volviéndose capaces de ir muy lejos en cuanto al cambio
de sí mismos y al de sus relaciones, sus vidas y la sociedad.

La revolución inspiró, exigió o permitió a las personas y grupos sociales
mayoritarios lograr esas adquisiciones y transformaciones prodigiosas. Los
hechos y los avatares de la revolución han sido el medio fundamental para el
proceso de la cultura cubana desde 1959 hasta hoy.

No voy a ofrecer los datos de ninguno de los inmensos logros de estos
cincuenta años –datos que están alcance de ustedes--, pero todo lo que
escribo aquí se basa en ellos. Ese es otro aporte cultural extraordinario de
la revolución cubana: al existir y ser como es, permite a cualquiera en el
mundo referir lo que sería un ideal o un sueño de mejoramiento social y
humano a un ámbito existente, Cuba, y estudiar y pensar sus características,
victorias y derrotas, frutos y errores, carencias y enemigos, como unas
realidades que ya poseen inclusive historia propia. Me permito pedirles que
lean los datos de esos inmensos logros tratando de integrarlos en una
comprensión de sus articulaciones, su organicidad, sus resultados, sus
limitaciones y sus proyectos implícitos. En ese terreno se mueve este
comentario.

La cultura popular cubana posee un alto grado de politización, rasgo formado
en el curso de la creación de la nación y la identidad cubanas. Las
revoluciones contra el colonialismo español y la esclavitud hicieron al
cubano, dándole un sentido muy nacionalista y patriótico a la comunidad que
se había estado integrando en la isla.

La nación Estado de 1902-1958, pese a su régimen capitalista neocolonial,
era entendida por el pueblo en términos de libertad y justicia social por
completar, y el pasado heroico era cantado y sentido como proyecto por
realizar o consumar. La revolución de 1959 se apropió de toda esa fuerza
cultural, sus símbolos y sus representaciones, porque ella la identificó
como libertad y justicia verdaderas y para todos, y la revolución se ganó
esa confianza con sus hechos. La cultura popular cubana ha estado hasta hoy
en la base del socialismo cubano, y una y otro se legitiman mutuamente.

Hasta 1959, tanto las formas culturales tradicionales como las consideradas
modernas discurrían dentro del sistema de dominación. La revolución propició
gigantescas jornadas en las que el pueblo organizado y el poder
revolucionario se fundieron y forjaron una unidad en incontables terrenos.
Fueron ellos la revolución agraria, las campañas de alfabetización y
escolarización, el armamento general

del pueblo, la nacionalización de la mayor parte de la economía, la
liquidación del enorme desempleo, el reparto equitativo de la alimentación,
la subordinación del mercado, la propiedad y el dinero a los intereses, las
necesidades y la idea de justicia de la sociedad, la honestidad
administrativa y el servicio al pueblo como normas para juzgar al gobierno,
la universalización de la salud y la educación gratuitos, y de la seguridad
social, la redistribución sistemática de la riqueza social, y otros. Al
mismo tiempo sucedieron la movilización y los sangrientos combates contra
los enemigos internos y las agresiones del imperialismo norteamericano, el
permanente bloqueo económico y la hostilidad de los Estados Unidos -empeñado
hasta hoy en acabar con la Revolución-, la necesidad de pensar siempre en la
defensa, y dedicar a ella enormes esfuerzos, recursos y seres humanos. El
conjunto generó una férrea unión que identificó a la sobrevivencia, el ser
nacional, la manera de vivir y el futuro. La revolución planteó la
unificación de los objetivos de mejoramiento humano con los de liberación
nacional y social. A esa característica hay que referir la grandeza, la
fuerza y los aciertos de la Revolución, y también una parte de sus
debilidades y errores.

Para analizar los temas de revolución y cultura en Cuba es imprescindible
partir de que somos parte de la mayoría del mundo que fue colonizada,
neocolonizada y “subdesarrollada”, para que el capitalismo pudiera existir y
expandirse. Por esa causa, vencer al capitalismo y crear el socialismo era
nuestra única opción viable.

Pero todo el proceso de este medio siglo se ha visto obligado a una
dialéctica muy difícil entre las modernizaciones y las liberaciones, cuyos
ejes pueden apreciarse repasando las grandes tareas que relaciono en el
párrafo anterior. Ellas combinan la lucha por adquirir lo que se llaman
logros de la civilización con otra muy diferente, pero que está obligada a
ser simultánea, para lograr las liberaciones de los seres humanos y la
sociedad. La única cultura mundial orgánica que ha existido es la del
capitalismo, y el pueblo que no la va destruyendo en el mismo proceso en que
se “desarrolla”, aunque se llame socialista, termina reabsorbido por ella,
como demuestran las experiencias históricas. Cuba ha alcanzado niveles muy
altos de desarrollo en numerosos campos, algunos comparables a los más altos
del mundo, a pesar de que sigue siendo “subdesarrollada” en otros campos de
suma importancia. Lo esencial y distintivo de Cuba es que se guía por lo que
aporta bienestar a las mayorías, defiende la soberanía nacional y colabora
con otros pueblos del mundo, y no por los intereses materiales de una
minoría.

Un aspecto central de la posición cubana ha sido hacer conciencia del
sentido capitalista de la modernización a secas, del determinismo económico
y la apelación al egoísmo y el afán de lucro como motivaciones. Ese logro
cultural trascendental de la práctica y la conciencia provee una denuncia
del sistema capitalista, que somete a las mayorías a un sinnúmero de
iniquidades y a todos al imperio de enfrentarse unos a otros, disfrazando el
poder inmenso de la burguesía, su Estado y sus demás estructuras de
dominación con la primacía formal y abstracta de libertades, iniciativas,
intereses y retribuciones individuales. La opción socialista cubana no es un
paseo, ni ha tenido una evolución lineal. Su historia registra muchos
avances, pero también detenciones e incluso retrocesos. Recaer en los usos y
las ideas del mundo que combatimos es fácil, porque este es muy fuerte y
está presente prácticamente en todos los escenarios, desde las relaciones
internacionales hasta el cerebro y los deseos de cada uno de nosotros. Es
imprescindible ir mucho más allá de lo que parece posible, de lo que permite
el nivel de reproducción de la vida social existente, aunque las escaseces,
los límites y los enemigos puedan ser agobiadores. La revolución y el país
sólo pueden sostenerse, y avanzar su régimen de transición socialista,
mediante un poder muy fuerte, defensor de la patria y redistribuidor
sistemático de la riqueza social, y una unidad ideológica que controla el
consenso. Pero es imperativo vencer la tentación burocrática, basarse en la
participación y el control popular, y lograr que el poder siempre sea guiado
por el proyecto.

La cultura es tan valiosa para nosotros porque, al mismo tiempo que
satisface y eleva al ser humano, es un puente imprescindible entre la
justicia social como prioridad de la libertad y la liberación de todas las
dominaciones y el florecimiento de todas las capacidades humanas como
proyecto de la Revolución.

Fuente: http://www.foroscubarte.cult.cu/read.php?8,43258

*2*

*Cultura en la Revolución y/o Revolución en la Cultura.*

(Apuntes apresurados en torno al tema.)

Por Orlando Licea Díaz.

Hay dos tremendos asuntos, apuntados desde la previsión martiana, con los
que tuvo, tiene y tendrá que lidiar nuestra Revolución, -y cualquier
revolución- antes de convertirse en evolución, ¿Cómo hacer cultura desde la
incultura? y ¿Cómo hacer seres humanos verdaderamente libres y buenos a
partir de la cultura? Martí lo dijo así:

¿Cómo hacer cultura desde la incultura?

“De todos los problemas que pasan hoy por capitales, sólo lo es uno: y de
tan tremendo modo que todo tiempo y celo fueran pocos para conjurarlo: *la
ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia*. La mente
humana, artística y aristocrática de suyo, rechaza a la larga y sin gran
demora, a poco que se la cultive, cuanta reforma contiene elementos brutales
e injustos. La educación suaviza más que la prosperidad: no esa educación
meramente formal, de escasas letras, números dígitos y contornos de tierras
que se da en escuelas demasiado celebradas y en verdad estériles, sino
aquella otra más sana y fecunda, no intentada apenas por los hombres, que
revela a éstos los secretos de sus pasiones, los elementos de sus males, la
relación forzosa de los medios que han de curarlos al tiempo y naturaleza
tradicional de los dolores que sufren, la obra negativa y reaccionaria de la
ira, la obra segura e incontrastable de la paciencia inteligente” OC. T5
Pág.102

¿Cómo hacer seres humanos verdaderamente libres y buenos a partir de la
cultura?

“*Los hombres crecen, crecen físicamente, de una manera visible crecen,
cuando aprenden algo, cuando entran a poseer algo, y cuando han hecho algún
bien.*

Sólo los necios hablan de desdichas, o los egoístas. La felicidad existe
sobre la tierra; y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el
conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la
generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de
haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas se encuentra
sabor.-Es leyenda de tierras de Hispanoamérica que en el fondo de las tazas
antiguas estaba pintado un Cristo, por lo que cuando apuran una, dicen:
“¡Hasta verte, Cristo mío!” ¡Pues en el fondo de aquellas copas se abre un
cielo sereno, fragante, interminable, rebosante de ternura!

*Ser bueno es el único modo de ser dichoso.*

*Ser culto es el único modo de ser libre*.

Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser
bueno.” OC T8 Pág.289

Es curioso que Martí insertase estas reflexiones en medio de dos tremendos
artículos, el primero, en el prólogo que escribió para un libro de Rafael de
Castro Palomino “Cuentos de Hoy y de Mañana” que trata *¡sobre la historia
de algunas experiencias comunistas!* y el segundo en el trabajo Maestros
Ambulantes, precursores de las campañas de alfabetización, que debían ser
materia obligatoria de estudio para cualquier trabajador de la cultura.

Bastaría quizás con estas breves citas, para hacer reflexionar sobre el
asunto a quienes tienen la experiencia directa del trabajo cultural durante
estos 50 aguerridos años. Y para dar respuesta acerca de lo que hemos
logrado y lo que nos falta por lograr, sin eludir los errores a rectificar.
Sin embargo, es una obligación de quien escribe, dejar sus impresiones sobre
el tema que aborda.

¡Es tremenda, sin duda, la lucha de clases! El primer problema lo
enfrentamos  con la histórica Campaña de Alfabetización. Certero golpe en el
corazón de la injusticia, o mejor, en el estómago, -que la injusticia no
tiene corazón-. Tuvimos que empezar por “esa educación meramente formal” de
la cual carecían los humildes. Luego comenzamos a luchar por el sexto grado
y hasta por el décimo, colosal tarea en la que, durante largos años
estuvimos empeñados.

En algún momento, había que pasar a la segunda etapa, a  “aquella otra más
sana y fecunda, no intentada apenas por los hombres”. Al organismo encargado
de promover la Cultura tocaría esa responsabilidad histórica. Primero se
creó el Consejo Nacional de Cultura, que fue el antecedente del MINCULT.

La creación de las  Instituciones Culturales Básicas en cada Municipio del
país fue la fórmula estructural que aplicamos. La punta de lanza de este
intento serían las Casas de la Cultura, seguidas por las Bibliotecas, los
Museos, los Teatros, las Casas de la Trova, los Coros, las Bandas de Música,
los Grupos de Teatro, los Grupos de Danza (generalmente comparsas), y el
Teatro Infantil, constituyeron un tremendo intento por generalizar la
cultura y llevarla a todos los rincones.

Junto a este gigantesco esfuerzo generalizador, había que atender también al
arte  como valor estético, a las manifestaciones cuyos creadores son
profesionales, que obtienen los recursos necesarios para desplegar su vida a
partir de la actividad artística que desarrollan. La UNEAC, la UPEC y los
respectivos consejos nacionales dependientes del MINCULT, fueron creados con
este objetivo.

Había, además, que formar a quienes se encargarían de llevar el arte hasta
los humildes. El sistema nacional de educación artística fue la estructura
creada con estos fines. Los instructores de arte, especie de alfabetizadores
artísticos, ocuparían la base de esta pirámide, seguidos por las escuelas
especializadas, como las de música, artes plásticas, cine, etc. surge el
Instituto Superior del Arte, con el fin de formar talentos.

Hasta aquí, lo esencial del trabajo en el sentido estructural. Con estas
herramientas abordamos la tarea de darle contenido a la intención y al
esfuerzo, trabajo mucho más delicado y complicado.

Apenas transcurrido un año del triunfo, en junio de 1961, se efectuaron en
el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional, varias reuniones en las que
participaron las figuras más representativas de la intelectualidad cubana.
Artistas y escritores discutieron y expusieron ampliamente sus puntos de
vista sobre distintos aspectos de la actividad cultural y sobre los
problemas relacionados con sus posibilidades de creación. En estas reuniones
estuvo y participó Fidel, su discurso ha quedado para la historia como
“Palabras a los Intelectuales”, la frase que quedó como colofón de sus
reflexiones fue: “Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún
derecho.”

En este discurso, Fidel se refirió a otros temas como el papel del estado en
la promoción de la cultura: “y si a alguien le preocupa tanto que no exista
la menor autoridad estatal, entonces, que no se preocupe, que tenga
paciencia, que ya llegará el día en que el Estado tampoco exista.”

La importancia estratégica de la cultura para la incipiente revolución
estuvo siempre clara para Fidel, en este sentido expresó:

“Nosotros, los de esta generación sin edades en la que cabemos todos: tanto
los barbudos como los lampiños, los que tienen abundante cabellera o no
tienen ninguna o la tienen blanca. Esta es la obra de todos nosotros. Vamos
a librar una guerra contra la incultura. Vamos a librar una batalla contra
la incultura. Vamos a desatar una irreconciliable querella contra la
incultura y vamos a batirnos contra ella y vamos a ensayar nuestras armas.”

“Estamos pidiendo el máximo desarrollo en favor de la cultura y muy
precisamente en función de la Revolución, porque la Revolución significa,
precisamente, más cultura y más arte.”

Trascendente y de plana vigencia, porque a veces nos hemos confundido sobre
este problema, -quizá más de las necesarias-, fue el siguiente señalamiento
de Fidel:

“De la misma manera debemos propiciar las condiciones necesarias para que
todos esos bienes culturales lleguen al pueblo. No quiere decir eso que el
artista tenga que sacrificar el valor de sus creaciones, y que
necesariamente tenga que sacrificar su calidad. Quiere decir que tenemos que
luchar en todos los sentidos para que el creador produzca para el pueblo y
el pueblo a su vez eleve su nivel cultural a fin de acercarse también a los
creadores.”

El problema del contenido clasista de la libertad de expresión y creación,
fue quizá el núcleo de esa reunión de intelectuales. Entre las múltiples
reflexiones sobre el asunto Fidel apuntaba:

“Era la época aquella en que no lo enseñaban a uno a pensar sino que lo
obligaban a creer. Creo que cuando al hombre se le pretende truncar la
capacidad de pensar y razonar se le convierte de un ser humano en un animal
domesticado...

“La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una
de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es
desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura
lleguen a ser un real patrimonio del pueblo. Y al igual que nosotros hemos
querido para el pueblo una vida mejor en el orden material, queremos para el
pueblo una vida mejor también en todos los órdenes espirituales;”

“Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad;
que la Revolución ha traído al País una suma muy grande de libertades; que
la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la
preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu
creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene
razón de ser.”

Y entre los temas que fueron objeto de su atención ese día, estuvo el de la
definición de lo que constituye ser revolucionario, -preocupación constante
de Fidel-, que fue magistralmente completada en el discurso donde se refirió
a la posibilidad de la reversibilidad de nuestro proceso revolucionario,
únicamente viable si los revolucionarios cubanos dejan de serlo.

“Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo
que constituye el objetivo de los revolucionarios. Si a los revolucionarios
nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo y
siempre diremos el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa
mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido
más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes
mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del
pueblo.”

“Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario
es también una actitud ante la realidad existente, y hay hombres que se
resignan a esa realidad, hay hombres que se adaptan a esa realidad y hay
hombres que no se pueden resignar ni adaptar a esa realidad y tratan de
cambiarla, por eso son revolucionarios.”

La preocupación fundamental de entonces es la misma que la de hoy. Y entre
los peligros que enfrentamos está el de una desviación de lo cultural en el
sentido burgués, en el sentido que conviene a los que no piensan como
debieran en el pueblo:

“La gran preocupación que todos nosotros debemos tener es la Revolución en
sí misma. ¿O es que nosotros creemos que hemos ganado ya todas las batallas
revolucionarias? ¿Es que nosotros creemos que la Revolución no tiene
peligros? ¿Cuál debe ser hoy la primera preocupación de todo ciudadano? ¿La
preocupación de que la Revolución vaya a desbordar sus medidas, de que la
Revolución vaya a asfixiar el arte, de que la Revolución vaya a asfixiar el
genio creador de nuestros ciudadanos, o la preocupación de todos no ha de
ser la Revolución misma? ¿Los peligros reales o imaginarios que puedan
amenazar el espíritu creador o los peligros que puedan amenazar a la
Revolución misma?... No se trata de que nosotros vayamos a invocar este
peligro como un simple argumento; nosotros señalamos que el estado de ánimo
de todos los ciudadanos del País y que el estado de ánimo de todos los
escritores y artistas revolucionarios, o de todos los escritores y artistas
que comprenden y justifican a la Revolución, debe ser: ¿qué peligros pueden
amenazar a la Revolución y qué podemos hacer por ayudar a la Revolución?”

Claro que el tema de la cultura no es sencillo, una y otra vez se enreda la
madeja y para desenredarla, hay que tener los instrumentos necesarios e
imprescindibles, que sólo pueden ser elaborados con una reflexión constante,
desde diversas miradas y con una cultura sistémica capaz de comprender (que
la cultura no es el arte solamente):

“Es cierto que aquí se está discutiendo un problema que no es un problema
sencillo. Es cierto que todos nosotros tenemos el deber de analizarlo
cuidadosamente. Esto es una obligación tanto de ustedes como de nosotros. No
es un problema sencillo puesto que es un problema que se ha planteado muchas
veces y se ha planteado en todas las revoluciones. Es una madeja, pudiéramos
decir, bastante enredada y nada fácil de desenredar. Es un problema que
tampoco nosotros vamos fácilmente a resolver.”

Recientemente hubo un segundo encuentro para reflexionar sobre el tema de la
cultura, esta vez, primero a través de los e mail, y luego en una serie de
reuniones en las que casi se repitieron las situaciones que condujeron a
“Palabras a los Intelectuales”, por una parte, y por la otra, luego de la
experiencia acumulada, salieron a relucir algunas deficiencias del trabajo
realizado –causadas muchas veces por la falta de una cultura integral-. No
me voy a referir a este nuevo desenredo de la madeja, sino a algunos hilos
sueltos que le faltan. Aunque valdría la pena un trabajo sobre el tema.

El autor de estas líneas apuradas, es el Presidente de la Cátedra Arte y
Salud, dependiente del CNCC, a la que pretendemos cambiar el nombre por el
de “Cultura y Subjetividad” y tiene como objetivo un aspecto subvalorado,
poco apoyado y, sin embargo, de una trascendencia estratégica. La Resolución
120 del 2004, dictada por nuestro ministro, Abel Prieto, reza en su cuerpo
conceptual:

“La cultura y la recreación están estre­chamente relacionadas, existen
amplias potencialidades para su vinculación consciente, en función de
contribuir y pro­mover el mejoramiento de la salud y la calidad de vida en
general del ser humano; en virtud de lo anterior el Consejo Nacional de
Casas de Cultura desde el año 1994, viene realizando múltiples actividades
con el propósito* *de des­arrollar el proyecto denominado "Cultura y
Salud".

“Crear la Cátedra de Arte y Salud, para la indagación, estudio, divulgaci6n
y acción en todo el país acerca de las relaciones existentes entre la
cultura y la re­creación, como cuestiones que inciden favorablemente en la
salud y la calidad de vida de las personas; así como la pro­yección
internacional de esta Cátedra, la cual es atendida metodológica y
administrativamente par el Consejo Nacio­nal de Casas de Cultura.”

“Mantener un espacio permanente de reflexión y acción sobre las formas en
que la cultura y la recreación influ­yen en la salud, la calidad de vida y
las posturas ante la realidad de los individuos y grupos humanos;”

Es decir, que una faceta del trabajo cultural, ha de ser el estudio de las
repercusiones en el individuo y los grupos humanos, de los mensajes que le
llegan desde la cultura, así como las formas institucionales en que se
organizan las mismas.

Desde hace tiempo hemos venido desarrollando un trabajo orientado a hacer
reflexionar acerca de la importancia de que la Cultura trascienda al arte,
la literatura y los espectáculos, -la estética- para incluir a la
recreación, al amor, a los conocimientos acumulados y de necesaria
divulgación, al apoyo social desde múltiples aspectos, a lo espiritual etc.
y por la creación de un centro de referencia para estudiar experimentalmente
estos factores. Sin que hasta hoy se haya logrado tener ese centro de acción
y reflexión, que pueda servir de referencia, orientado por la citada
Resolución. Y también sin que la Cultura se haya decidido, hasta hoy, a
abordar esos asuntos, quizá porque implicaría reconocer su incompletud, o
porque asume que no son asuntos que están en su jurisdicción.

Desde la mirada de la Cátedra hay algunas cuestiones que quisiera señalar:

El concepto de lo que está dentro y fuera de cualquier realidad o
institución es dialéctico, se desarrolla en el tiempo, es histórico, y, por
tanto, resulta susceptible de cambio y evolución. Lo mismo en la Cultura que
en la Revolución.

Existe un marco ancho y otro estrecho del concepto cultura. Existe el riesgo
de que la estructura cultural se convierta en el Ministerio del Arte y no de
la Cultura. La arquitectura, la cocina, la recreación misma, y hasta el
deporte pueden formar parte de la acción cultural, si concebimos a la
cultura como el acerbo de conocimientos y experiencias acumulados que, en su
sedimentación histórica, pasan al pueblo –y no al pueblo abstracto, sino al
concreto, integrado por las clases, capas y segmentos sociales-

Lo culto y lo popular, lo excelente y lo chabacano, lo marginal y lo
“central”, lo burgués y lo proletario, lo revolucionario y no
revolucionario, lo dialéctico y lo metafísico, por sólo citar algunos pares
dialécticos significativos, han venido manifestándose en estos años, con
diferentes matices y dominios.

Las estructuras creadas, si bien han servido para dar forma concreta a
nuestro tremendo esfuerzo cultural, también han fragmentado la cultura,
creando unas especies de “estancias” o “estancos”, que en determinados
momentos y esferas, han frenado el desarrollo de algunas manifestaciones,
así como de la Cultura en conjunto. En este sentido el Doctor Armando Hart
Dávalos, en su excelente artículo, Ciencia y Conciencia, expresó y abarcó en
toda su amplitud e importancia lo esencial de este concepto:

“En la gestación de la Nación Cubana, en el tiempo que va de 1790 a 1868,
las mejores ideas del país no tenían en compartimentos estancos los
conceptos de educación, ciencia, cultura y arte. Felipe Poey, el científico
materialista, Tomás Romay, el médico que abandonó un claustro cargado de
teología y se marchó a trabajar en los hospitales, Domingo del Monte, gran
promotor cultural, José Antonio Saco, investigador de la sociedad y la
economía cubana de su época, Félix Várela y José de la Luz y Caballero los
dos más eminentes pedagogos de su tiempo, no veían divorciados los
contenidos de sus disciplinas de estudio. Por aquel entonces la formación
ciudadana, la pedagogía, las letras, las ciencias naturales e incluso los
estudios de economía política, no se mantenían en islas independientes ni
amuralladas en sus propios terrenos específicos”.

Va resultando necesaria la creación de centros integrales, capaces de
incluir en su programación, junto a las artes, a la recreación, la
gastronomía, el baile, los conocimientos etc. Que unan lo culto, lo popular,
lo artístico, lo recreativo, el apoyo social etc. de forma armónica,
ubicando en primer lugar la plenitud del ser humano y poner todo el
contenido necesario en función de la calidad, plenitud y disfrute de la
existencia. Hasta lograr la síntesis del arte y la cultura, de lo culto y lo
popular etc. en una Cultura y un Arte únicos, que favorezcan y estén en
función de la plenitud humana.

Entre las ideas de Fidel, expresadas en las palabras a los intelectuales se
incluyó la del centro que está promoviendo la cátedra, claro que en nuestro
caso, no sólo para intelectuales, sino también para otras categorías de
personas.

“Hay la idea también de organizar algún sitio de descanso *y de
trabajo*para los artistas y los escritores. En cierta ocasión, cuando
andábamos
peregrinando por todo el territorio nacional, se nos ocurrió la idea en un
lugar muy hermoso, de Isla de Pinos, de construir un barrio, una aldea en
medio de los pinares para premiar (en ese tiempo estábamos pensando
establecer algún tipo de premio para los mejores escritores y artistas
progresistas del mundo) y homenajear a los escritores y artistas. Ese
proyecto no tomó cuerpo, pero puede ser revivido para hacer un reparto o una
aldea en un remanso de paz que invite a descansar, que invite a escribir, y
yo creo que bien vale la pena que los artistas, entre ellos los arquitectos,
comiencen a dibujar y a concebir el lugar de descanso ideal para un escritor
o un artista y a ver si se ponen de acuerdo en eso.

Pero dentro de esa planificación cabe el construir un sitio de descanso para
los escritores y artistas, y verdaderamente sería una satisfacción que la
Revolución pudiera contar esa realización entre sus obras.”

Hasta hoy hemos insistido y trabajado con pasión, dedicación y éxito –sin
que algunos lunares demeriten la belleza de la obra- en hacer Cultura en la
Revolución. Va siendo hora de que ubiquemos en su justo lugar su contraparte
imprescindible y nos pongamos, con el mismo ahínco, inteligencia y
dedicación, a hacer Revolución Martiana en la Cultura (Que no es lo mismo
que revolución cultural China, aunque algunas de sus experiencias nos sean
útiles) para lo que nos sobran capacidades, talento y entusiasmo. Una parte
importante de la batalla en el terreno de las ideas, se libra –querámoslo o
no, nos demos cuenta o no- en este terreno, tanto para el especialista y el
artista, como para cada habitante del país en su espiritualidad concreta.

Nota: Todas las citas son de las Palabras a los Intelectuales, discurso
pronunciado por Fidel en la Biblioteca Nacional José Martí.

_______________________________________________
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--
Lic. Rosa Cristina Báez Valdes
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¡¡VOLVERAN!!

"Los malos no triunfan si no donde los buenos son indiferentes. Los malos
sólo se abren camino por entre las divisiones de los buenos"
José Martí


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