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El poder en una definición mínima es la facultad de hacer, de ordenar
que se haga o se deje de hacer. En su significado más amplio es el
potencial de cambiar. El poder tiene tres caras en opinión de la
politóloga estadounidense Kenneth E. Boulding: el poder amenazador, el
poder económico y el poder integrador.
En nuestra ciudad el poder municipal tiene tres caras una visible;
Álvaro Burgos Barrera, presidente municipal, y dos caras no visibles
la de Antelmo Alvarado García y la de Flor Añorve.
Antelmo Alvarado desde el momento mismo en que se veía venir el
triunfo de Burgos Barrera, amenazo a sirios y troyanos que él sería el
poder tras el trono. Que gracias a él el PRI recuperó la presidencia
municipal de Taxco y que por lo tanto nombraría los colaboradores que
le viniera en gana. El poder amenazador en todo su esplendor, la
intransigencia de la ignorancia.
Flor Añorve ya sin los reflectores que otorga un cargo de elección
popular, está cobrando la factura del supuesto apoyo al alcalde
taxqueño, a pesar de que existen evidencias de que en su momento apoyó
al candidato de Acción Nacional a la presidencia municipal de Taxco:
Benito García Meléndez, por ordenes superiores.
En la percepción ciudadana, Álvaro Burgos, tenía y reunía, todos los
requisitos para ser el candidato del PRI a la presidencia municipal y
recuperar, vía electoral la presidencia municipal para el tricolor-
comicios que había perdido tres años antes-.
En la lógica ciudadana se preveía que en una elección interna Burgos
Barrera, fácilmente saldría avante en contra de su más cercano rival:
Flor Añorve. Como finalmente aconteció, a pesar de todo el dispendio
que la ex diputada local realizó de los recursos públicos, para
allegarse la candidatura y perpetuarse así en el poder. La fuerza de
la costumbre.
Al ganar la elección interna y la elección municipal Álvaro Burgos se
deshizo del grupo que comanda Enrique Martíni y adoptó al grupo
caciqueado por Antelmo Alvarado. Estos dos grupos son los que han
usufructuado las posiciones de poder en el tricolor municipal, desde
hace varios lustros. Realmente quien llevó al poder a Álvaro Burgos,
no fueron estos grupos, sino la pésima administración panista de
Ramiro Jaimes. Como sucedió tres años atrás, cuando la deplorable
gestión de Abraham Ponce, permitió el ascenso por segunda ocasión de
Acción Nacional al poder municipal.
¿Que ganó el alcalde taxqueño al hacer a un lado a un grupo y
ligarse a otro? Nada, al contrario perdió la capacidad de maniobra,
para poder nombrar a sus colaboradores y formar por lo tanto un equipo
de trabajo confiable.
Los nombramientos del gobierno municipal hasta ahora conocidos
responden mas a componendas y compromisos políticos que a una política
de recursos humanos, donde se privilegie el perfil sobre el
compromiso.
El compromiso del presidente municipal Álvaro Burgos es con los
ciudadanos de Taxco y no con grupos de oscuros intereses personales
donde prevalece la convicción del poder por el poder. Esa actitud de
sumisión está provocando desilusión entre la ciudadanía y entre su
circulo mas cercano.
La ciudadanía espera y mucho de la incipiente administración
municipal, aun cuando los primeros movimientos en el tablero municipal
no son nada halagüeños, se espera y desea que Álvaro Burgos rectifique
y ejerza un poder integrador que tenga como fundamento la legitimidad,
el respeto, el afecto a la comunidad y a las personas. Amor a Taxco,
que pase de las palabras a los hechos.
El poder se legitima con acciones, no con argumentos. Eso es vocación
de poder, un poder que sirva a las mayorías y no a las minorías.